
¡Mi primera tarjeta censal!
Hoy llega mi madre a casa a vernos (no estoy sólo en casa, evidentemente), después de una mañana de trabajo agotador en el bar, y nos da un papel a cada uno (menos a mi hermana pequeña, que tiene ocho años).
- Tomad.
- ¿Qué es esto? - Preguntamos mi hermana mayor y yo a la vez.
- Vuestra tarjeta censal, os la envían para poder ir a votar a eso europeo de dentro de un mes - respondió mi madre, - ¡ya empiezas a hacerte grande, "rafalín"!
¿Rafalín? Odio que me llamen rafalín. ¿Por qué le tiene que llamar rafalín a un mastodonte llamado Rafa tres veces más grande que ella? ¿Y por qué me dice a los dieciocho años que me empiezo a ser mayor? ¡Si me lo dice desde el principio de los tiempos! Cuando se te cae un diente, cuando ya cagas o meas en el water, cuando ya sabes silbar, cuando aprendes a beber con pajilla, cuando te las haces (uy, bueno, eso ya no...)... En fin, cosas de madres, algún día escribiré un libro sobre las paranoias maternales.
Ay... Mi primera tarjeta censal, mis primeras elecciones. Y es que el próximo 2 de febrero seré mayor de edad, llegó el momento de ser responsable, llegó el momento de irse de casa... Ya les gustaría a mis padres xDD (no les quedan años).
¿Y qué votaré? ¿Que sí o que no? Recordemos que se ha de votar sólo con un sí o con un no para que aprueben la constitución europea de marras. Que, oye, a mí me importa un bledo la constitución europea, pero votaré por ella, porque me hace ilusión, heme aquí. Y yo con mis pintas, ir a votar... No me lo imagino, bonitos, no, no. Un pavo de un metro y pico de altura, con un plumón de beisbol, una sudadera negra y unos pantalones anchos azules o negros, diciendo, ¡voto! con esa voz de adolescente aún y los tres o cuatro pelillos que te quedan de afeitarte fatal, que hasta mi hermana mayor se afeita mejor que yo. En fin, que cuando ya haya votado os explicaré aquí mismo mi experiencia, seguro que salgo traumatizado.
JAJAJAJJA
ResponderSuprimir¡Qué tiempos! ¡Cómo me recuerda mi primera vez!
(Que fui a votar, desde luego, querido.)
Fue un auténtico acto familiar, y yo vestida como las muñecas de famosa, bajo la atenta supervisión de mi madre, que se jactama ante sus amigas del mono de feria que la acompañaba (o sea, yo, querio).
Lo mejor de ese día, fue que almorzamos fuera (tras votar), y me libré con gusto de comer las dichosas lentejas que había hecho mi madre el día anterior.
Smuaks!
Marujas!