
Chuuuu, chuuuu!!!
El trenecito se les escapaba. Sólo había una solución, correr con todas las fuerzas disponibles hasta la siguiente estación del pequeño tren, la cual se situaba calles más arriba. Gilipollas, Loriña, Reiquelina y Anónima siguieron corriendo. El tren les pisaba los talones. No podían perderlo de nuevo.
- ¡Corred, joder, corred! - gritó Reiqueliña.
Gilipollas sentía algo en el bolsillo derecho de su pantalón. Era el Noia 5110 heredado de su hermana mayor. Las palabras de su hermana al confiarle el móvil resonaron en su mente. "Como lo pierdas, te mato. Como lo rompas, te mato. Como te lo roben, te mato. Y como le cambies la carcasa y le quites las pegatinas del piolín, te mato. Hala, puedes llevarte el móvil".
Al fin llegaron a la plaza, cuyo nombre no me da la gana de recordad, donde siempre ponen la cutre-feria de Gavà. Allí tuvieron que hacer cola hasta que el "azafato" del trenecito (con acento de maricón), un hombrecillo sospechosamente muy parecido a John Leguizamo, se acabase de hacer la manicura.
- ¡Que es para hoy! - Gritó un tio.
- ¡Tia buena! - Desconozco quién lo soltó.
- Ay callaros ya, ¡eh! Me estáis estresando de lo lindo y si no me dejáis en paz os vais a jorobar y no entraréis en el trenecito, hala - dijo el azafato, frunciendo el ceño.
- ¡Calla, maricona! - chilló Gilipollas.
- ¿Pero tú eres gilipollas? - preguntó Reiqueliña.
- Sí, ¿no?
- Déjalo.
Transcurrida una estúpida conversación donde predominaban los piropos hacia el azafato y las plumas de Gavà, al fin nuestros héroes pudieron coger asiento en el trenecito que les llevaría al Barnasud, y de allí a la playa y de allí de nuevo en frente de casa de Gilipollas. Gilipollas se sentó justo al lado de la "puerta" (bueno, eso una puerta no era, se trataba de una mierda de cadena de hierro, ya ves tú qué seguridad), y como los asientos estaban a petar, pues Gilipollas se acercó demasiado a la puerta, con lo cual la mitad de su pierna derecha estaba fuera y dentro del trenecito.
- Joder, vaya puta mierda de sitio que me ha tocado - dijo Gilipollas.
- ¡Shhh! ¡A callar! ¡Que hoy estoy de muy mal humor eh, que me ha venido la regla! - gritó el azafato. Reinó un silencio total en el trenecito. - ¡Arranca ésta mierda! - gritó de nuevo. Y el tren se puso en marcha.
Eso de ir en trenecito, cruzando Gavà, era como ser los amos de la carretera. Los coches adelantaban a toda hostia el tren, pitando y soltando berrerias, mientras el azafato se pintaba los labios y Gilipollas luchaba por la permanencia en el tren de su pierna derecha. El colmo fue cuando se oyó un chasquido en unos pequeños altavoces, en cada esquina de cada vagón, y empezó a sonar King Africa. "Boooooooooooooooooooooooooooooooooombaaaaaaaaaaaa", sonó. Todo el tren enmudeció. Hasta unos gitanillos, algo rechonchos, que estaban detrás de Gilipollas. El azafato empezó a bailar como si de Roció de Madrid en Crónicas Marcianas se tratara (es decir, MAL). El conductor meneaba la cabeza. Todos los pasajeros de aquél tren del demonio (o del orgullo gay) se sintieron en una situación algo extraña, penosa también, pero NADA veraniega. Los coches seguían pasando y soltando calamidades. Hubo incluso un coche patrulla que nos persiguió durante largo rato, para luego picarle el ojo al azafato e irse tranquilamente. Qué situación.
- Reiqueliña, ¿falta mucho para el Barnasud? - preguntó Gilipollas.
- Calla, canalla, y baila un poco, que King Africa es Dios - le respondió.
"Si ya decía yo, que dar uan vuelta por Gavà en trenecito no era buena idea. Pero algo me dice que no todo acaba aquí", pensó Gilipollas.
Tras largo camino recorrido, insufribles sesiones de King Africa y bailes cutres del azafato, el tren paró en su destino: el ¿centro comercial? Barnasud. Mucha gente huyó despavorida, incluso le dieron un toque al guardia de seguridad de setenta años que había en las puertas del centro. Pero Gilipollas y cía, como habían pagado doble billete, tenían que soportar una vuelta más.
"Me temo lo peor, sí, me lo temo".
El trenecito arrancó, al igual que el CD de King Africa, que empezó de nuevo. Dieron la vuelta a la rotonda y siguieron recto, hacia el centro de Gavà again. Pero un hecho sin precedentes haría que Gilipollas y cía llegaran tarde, muy tarde a Gavà. En la mitad de la recta recorrida que separaba el parque comercial y la ciudad, Gilipollas fue gilipollas y oportuno y tuvo que meterse la mano en el bolsillo derecho. Al coger el billete del tren, para ojearlo y distraerse, vio que el Nokia 5110, el preciadísimo Nokia 5110 de su hermana, caía al vacío. "Ay, caramba". El móvil cayó, poco a poco, como si fuera cámara lenta, hasta darse un golpe en el escalón del trenecito. El aparato se desmontó en dos pedazos. Uno se quedó donde estaba, en el escalón, y otro... Fue a parar a la carretera, junto a unos estrechos aparcamientos. Lo primero que se le pasó por la cabeza a Gilipollas no era el móvil, ni que qué haría para recuperar el móvil, sino, la imagen de su hermana, desmelenada a lo Gloria Trevi, y con un cuchillo jamonero lleno de sangre, el cual se lo incaría segurísimo a su queridisimo hermano. Gilipollas, como buen gilipollas, no pensó, sólo actuó, y arrancó la cadena que servía de puerta. Puso sus piernas en el escaloncito, dispuesto a saltar.
- ¡¡¡Detente!!! - chilló el azafato - ¡¡¡No saltes!!!
- ¡¡¡Se me ha caído el puto móvil!!! ¡¡¡Parad el tren o salto!!!
- ¡¡¡Que le den al puto móvil!!! ¡¡¡NO SALTES!!!
"Que te den a ti, marica de mierda, haga lo que haga hoy, moriré".
Gilipollas saltó. Cuando su pie izquierdo tuvo contacto con la carretera, un pinchazo muy fuerte recorrió el cuerpo de Gilipollas. La inercia hizo que se torciera el pie y rodara por la carretera. Se había hecho un esguince. Gilipollas intentó levantarse, pero no pudo, sólo pudo apoyar el pie derecho y dirigirse al lugar del impacto movilero a pata coja. Para su sorpresa, un desconocido, al parecer un camionero, ya había cogido la parte del móvil que se había caido y, claro está, se la dio.
- Chaval, que ésto lo puedes comprar en cualquier otra tienda.
- ¿Qué? - preguntó Gilipollas, inconsciente,
- Que la BATERÍA del móvil se puede volver a comprar, carajo. Anda, toma.
Gilipollas había saltado de un trenecito en marcha, se había torcido el pie, había arriesgado su vida por... ¡¡¡UNA BATERÍA DE UN NOKIA 5110!!!
El azafato saltó del tren, ya detenido, y vino corriendo. Para sorpresa de Gilipollas, vio que el azafato llevaba tacones.
- Pero, pero, pero, ¡¿tú eres gilipollas?! ¿Tú con qué piensas? ¿Con la cartera?
Al final, Reiqueliña, Loriña y Anónima llevaron al herido gilipollas de vuelta a Barnasud. Resulta que había un stand de la Cruz Roja montado y habían llamado allí, avisando de su llegada. Gilipollas pasó una hora sentado en un banco de un centro comercial, con el pie herido y descalzo al aire, y una bolsa de hielo encima.
Reiqueliña se fue a dar una vuelta en una tienda de discos.
Loriña se fue al lavabo a mirarse al espejo y pronunciar su nombre.
Anónima aprovechó la tarde y cruzó dos pueblos para dirigirse a la comisaría más lejana para que le renovaran el DNI.
El Nokia 5110 no sufrió daño alguno.
Gilipollas, sí. Por gilipollas.
- ¡Corred, joder, corred! - gritó Reiqueliña.
Gilipollas sentía algo en el bolsillo derecho de su pantalón. Era el Noia 5110 heredado de su hermana mayor. Las palabras de su hermana al confiarle el móvil resonaron en su mente. "Como lo pierdas, te mato. Como lo rompas, te mato. Como te lo roben, te mato. Y como le cambies la carcasa y le quites las pegatinas del piolín, te mato. Hala, puedes llevarte el móvil".
Al fin llegaron a la plaza, cuyo nombre no me da la gana de recordad, donde siempre ponen la cutre-feria de Gavà. Allí tuvieron que hacer cola hasta que el "azafato" del trenecito (con acento de maricón), un hombrecillo sospechosamente muy parecido a John Leguizamo, se acabase de hacer la manicura.
- ¡Que es para hoy! - Gritó un tio.
- ¡Tia buena! - Desconozco quién lo soltó.
- Ay callaros ya, ¡eh! Me estáis estresando de lo lindo y si no me dejáis en paz os vais a jorobar y no entraréis en el trenecito, hala - dijo el azafato, frunciendo el ceño.
- ¡Calla, maricona! - chilló Gilipollas.
- ¿Pero tú eres gilipollas? - preguntó Reiqueliña.
- Sí, ¿no?
- Déjalo.
Transcurrida una estúpida conversación donde predominaban los piropos hacia el azafato y las plumas de Gavà, al fin nuestros héroes pudieron coger asiento en el trenecito que les llevaría al Barnasud, y de allí a la playa y de allí de nuevo en frente de casa de Gilipollas. Gilipollas se sentó justo al lado de la "puerta" (bueno, eso una puerta no era, se trataba de una mierda de cadena de hierro, ya ves tú qué seguridad), y como los asientos estaban a petar, pues Gilipollas se acercó demasiado a la puerta, con lo cual la mitad de su pierna derecha estaba fuera y dentro del trenecito.
- Joder, vaya puta mierda de sitio que me ha tocado - dijo Gilipollas.
- ¡Shhh! ¡A callar! ¡Que hoy estoy de muy mal humor eh, que me ha venido la regla! - gritó el azafato. Reinó un silencio total en el trenecito. - ¡Arranca ésta mierda! - gritó de nuevo. Y el tren se puso en marcha.
Eso de ir en trenecito, cruzando Gavà, era como ser los amos de la carretera. Los coches adelantaban a toda hostia el tren, pitando y soltando berrerias, mientras el azafato se pintaba los labios y Gilipollas luchaba por la permanencia en el tren de su pierna derecha. El colmo fue cuando se oyó un chasquido en unos pequeños altavoces, en cada esquina de cada vagón, y empezó a sonar King Africa. "Boooooooooooooooooooooooooooooooooombaaaaaaaaaaaa", sonó. Todo el tren enmudeció. Hasta unos gitanillos, algo rechonchos, que estaban detrás de Gilipollas. El azafato empezó a bailar como si de Roció de Madrid en Crónicas Marcianas se tratara (es decir, MAL). El conductor meneaba la cabeza. Todos los pasajeros de aquél tren del demonio (o del orgullo gay) se sintieron en una situación algo extraña, penosa también, pero NADA veraniega. Los coches seguían pasando y soltando calamidades. Hubo incluso un coche patrulla que nos persiguió durante largo rato, para luego picarle el ojo al azafato e irse tranquilamente. Qué situación.
- Reiqueliña, ¿falta mucho para el Barnasud? - preguntó Gilipollas.
- Calla, canalla, y baila un poco, que King Africa es Dios - le respondió.
"Si ya decía yo, que dar uan vuelta por Gavà en trenecito no era buena idea. Pero algo me dice que no todo acaba aquí", pensó Gilipollas.
Tras largo camino recorrido, insufribles sesiones de King Africa y bailes cutres del azafato, el tren paró en su destino: el ¿centro comercial? Barnasud. Mucha gente huyó despavorida, incluso le dieron un toque al guardia de seguridad de setenta años que había en las puertas del centro. Pero Gilipollas y cía, como habían pagado doble billete, tenían que soportar una vuelta más.
"Me temo lo peor, sí, me lo temo".
El trenecito arrancó, al igual que el CD de King Africa, que empezó de nuevo. Dieron la vuelta a la rotonda y siguieron recto, hacia el centro de Gavà again. Pero un hecho sin precedentes haría que Gilipollas y cía llegaran tarde, muy tarde a Gavà. En la mitad de la recta recorrida que separaba el parque comercial y la ciudad, Gilipollas fue gilipollas y oportuno y tuvo que meterse la mano en el bolsillo derecho. Al coger el billete del tren, para ojearlo y distraerse, vio que el Nokia 5110, el preciadísimo Nokia 5110 de su hermana, caía al vacío. "Ay, caramba". El móvil cayó, poco a poco, como si fuera cámara lenta, hasta darse un golpe en el escalón del trenecito. El aparato se desmontó en dos pedazos. Uno se quedó donde estaba, en el escalón, y otro... Fue a parar a la carretera, junto a unos estrechos aparcamientos. Lo primero que se le pasó por la cabeza a Gilipollas no era el móvil, ni que qué haría para recuperar el móvil, sino, la imagen de su hermana, desmelenada a lo Gloria Trevi, y con un cuchillo jamonero lleno de sangre, el cual se lo incaría segurísimo a su queridisimo hermano. Gilipollas, como buen gilipollas, no pensó, sólo actuó, y arrancó la cadena que servía de puerta. Puso sus piernas en el escaloncito, dispuesto a saltar.
- ¡¡¡Detente!!! - chilló el azafato - ¡¡¡No saltes!!!
- ¡¡¡Se me ha caído el puto móvil!!! ¡¡¡Parad el tren o salto!!!
- ¡¡¡Que le den al puto móvil!!! ¡¡¡NO SALTES!!!
"Que te den a ti, marica de mierda, haga lo que haga hoy, moriré".
Gilipollas saltó. Cuando su pie izquierdo tuvo contacto con la carretera, un pinchazo muy fuerte recorrió el cuerpo de Gilipollas. La inercia hizo que se torciera el pie y rodara por la carretera. Se había hecho un esguince. Gilipollas intentó levantarse, pero no pudo, sólo pudo apoyar el pie derecho y dirigirse al lugar del impacto movilero a pata coja. Para su sorpresa, un desconocido, al parecer un camionero, ya había cogido la parte del móvil que se había caido y, claro está, se la dio.
- Chaval, que ésto lo puedes comprar en cualquier otra tienda.
- ¿Qué? - preguntó Gilipollas, inconsciente,
- Que la BATERÍA del móvil se puede volver a comprar, carajo. Anda, toma.
Gilipollas había saltado de un trenecito en marcha, se había torcido el pie, había arriesgado su vida por... ¡¡¡UNA BATERÍA DE UN NOKIA 5110!!!
El azafato saltó del tren, ya detenido, y vino corriendo. Para sorpresa de Gilipollas, vio que el azafato llevaba tacones.
- Pero, pero, pero, ¡¿tú eres gilipollas?! ¿Tú con qué piensas? ¿Con la cartera?
Al final, Reiqueliña, Loriña y Anónima llevaron al herido gilipollas de vuelta a Barnasud. Resulta que había un stand de la Cruz Roja montado y habían llamado allí, avisando de su llegada. Gilipollas pasó una hora sentado en un banco de un centro comercial, con el pie herido y descalzo al aire, y una bolsa de hielo encima.
Reiqueliña se fue a dar una vuelta en una tienda de discos.
Loriña se fue al lavabo a mirarse al espejo y pronunciar su nombre.
Anónima aprovechó la tarde y cruzó dos pueblos para dirigirse a la comisaría más lejana para que le renovaran el DNI.
El Nokia 5110 no sufrió daño alguno.
Gilipollas, sí. Por gilipollas.
Un relato sobrecogedor, sin duda (JAJAJAAJAJ madre mia, nunca olvidare esa tarde xDD)
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