Por un servidor, espero que os guste ;).

El zumbido que provocaban sus sables láser en aquél instante era el único sonido que les acompañaba en ese frío, oscuro y destrozado búnker de la antigua República. Las explosiones, los disparos y las alarmas procedentes del temible ejército clon del recién creado Imperio Galáctico habían cesado. Los tres caballeros Jedi, junto con sus correspondientes aprendices, habían sido víctimas de una trampa. “Aquí Mon Mothma, líder de la Rebelión, -zzzzzz- diríjanse de –zzzzzzz- inmediato al sistema Bakura –zzzzz…” Sin duda el mensaje que recibieron semanas antes fue pinchado por el Imperio y se metieron de pleno en la boca del sarlacc. “Qué estúpido fui”, pensó Jar’Al Quet’ul, caballero Jedi y maestro del padawan Lio Picc, “’¡nunca debimos aterrizar en éste planeta!”. De repente, un rugido bastante fuerte se iba oyendo en la lejanía.
- ¿Oís eso? – Dijo un aprendiz – Parece un caza.
- ES un caza – respondió Jar’Al.
En los bosques de Bakura, un caza Tie, de aspecto diferente al resto, volaba a una velocidad y con una destreza inimaginable. Era Lord Darth Vader, el nuevo aprendiz del Emperador. Desde que el Emperador ordenó la aniquilación total de la Orden Jedi, el mutilado y aún joven Sith llevó a cabo una ambiciosa persecución de sus antagonistas hasta dar con su maestro cuando fue una vez un Jedi, Obi-Wan Kenobi.
Vader sabía que, probablemente, su antiguo maestro habría muerto a causa de los intensos bombardeos y ataques militares allá donde la mano del Imperio llegase, pero tenía que seguir buscando. Debía vengarse por sufrir tan deplorable traición. Sí, ésta vez él era el maestro y Obi-Wan el aprendiz. Gracias al Reverso Tenebroso de la Fuerza, Vader era tanto o más poderoso como había soñado antaño.
De repente, Vader sintió que la Fuerza se cebaba en algún lugar al noroeste. “Os tengo”, pensó. Giró suavemente el caza a la derecha y se guió con la ayuda de la Fuerza, esquivando con suma destreza los gruesos y altos árboles de los estrechos bosques de Bakura.
- Estamos atrapados – dijo Lio Picc -, no disponemos de salida alguna, y el bosque está plagado de soldados de asalto.
- Contrólate, mi joven aprendiz. No te inquietes. Cuando llegue la hora del combate puede que tus nervios te jueguen una mala pasada y eso no te gustará – respondió Jar’Al, su maestro.
Jar’Al siempre había poseído cierto sentido del humor, muy raro de encontrar en un caballero Jedi. Cuando finalizaba su aprendizaje y fue enviado junto a su maestro a la batalla de Genosis, insultaba ingeniosamente a cada droide o super-droide separatista que abatía. “¡Hojalata defectuosa! ¡No computáis para disparar!”. No hacía ni una década de susodichos acontecimientos y ya era un caballero Jedi hecho y derecho con un padawan a su merced. Cómo pasaba el tiempo. Su maestro estaría orgulloso de él.
- El rugido ha cesado – dijo Delra, uno de los maestros.
- Estad atentos – dijo Jar’Al mirando seriamente a su aprendiz.
- Ha sido un placer defender la paz y la justicia con vosotros – dijo de nuevo Delra.
- Déjate los discursos sentimentaloides para mi funeral, ¿quieres? – respondió Jar’Al.
Delra sonrió.
“Un búnker”, pensó Lord Vader, “así que os escondéis en un búnker, interesante”. El Sith agarró su comlink y giró un pequeño botón ubicado a la derecha del aparato.
- Almirante, envíe refuerzos inmediatamente a las coordenadas que le envío, no me defraude – dijo Vader con un tono amenazante.
- A sus ordenes, milord – respondió el almirante que estaba al otro lado del aparato.
Vader guardó el comlink en su cintura y reposó sus manos en ella. Observó con detenimiento aquél lugar y luego filtró sus sentidos dentro del búnker, quería saber a qué clase de caballeros Jedi se enfrentaban.
- Está bien – se dijo, - no tenéis posibilidad alguna.
Alzó su mano derecha, y con la ayuda de la Fuerza empujó brutalmente las puertas romboides del búnker. El lord oscuro agarró su sable láser, pero no lo conectó. Entró lentamente en el edificio y bajó las escaleras. Miró a la izquierda y luego a la derecha. Todo estaba demasiado oscuro, así que utilizó la Fuerza como guía. “Derecha”, pensó, y tomó el pasadizo que había en dicha dirección.
- Anakin… - susurró Jar’Al.
- ¿Cómo dices? – dijo su padawan.
Jar’Al le miró seriamente y frunció el ceño.
- Tenemos serios problemas.
- ¡Por aquí! – chilló un jovencísimo padawan. Había encontrado un camino oculto por culpa de los desperfectos - ¡Seguidme! – Los Jedi corrieron por el camino recién descubierto, intentando por todos los medios encontrar la salida y escapar del fatal destino que les aguardaba en ese mismo edificio, pisándoles los talones. De repente, un grito ensordecedor se oyó al otro lado. Los Jedi corrieron tanto como pudieron y encontraron a Dyer, el joven padawan que les descubrió el camino hace un instante, de pie frente a ellos, intentando arrancarse el cuello de la vestidura que llevaba.
- ¡Dyer! – Chilló Lio - ¡¡No!!
Dyer puso los ojos en blanco y se desplomó en el suelo como si de un muñeco se tratase. Jar’Al mostró indiferencia contemplando el cuerpo de aquél joven, pero su padawan, Lio, corrió hacia él y lo abrazó, llorando, era su mejor amigo junto a su maestro. De repente, Lio sintió ira y odio, apretó con tanta fuerza sus puños que empezó a sangrar. Un siniestro ruido se oyó detrás de ellos. Jar’Al miró a su aprendiz, cabizbajo. “Oh, no”.
- La Fuerza es poderosa en vosotros, pero os ha traicionado.
- Vader… - susurró Lio con voz ronca, y apretó aún más sus puños.
- Sin duda tienes talento, joven padawan. – dijo Vader, provocando al chico.
Lio agarró su sable láser y lo encendió.
- ¡¡Te mataré!! – gritó, y corrió tanto como pudo para atacar al monstruo que había asfixiado a su amigo. La ira le dominaba. Alzó su sable con las dos manos y atacó a Vader frontalmente. Pero, el poderoso Sith, aunque pareciera mentira, agarró con su mano biomecánica la hoja del sable del padawan, quemándola poco a poco y sorprendiendo tanto al chico como a sus compañeros.
- Si conocieras el Reverso Tenebroso de la Fuerza… - Le susurró Vader al muchacho. Después, apretó con fuerza la hoja del sable y éste explosionó, Lio salió despedido en el aire e impactó brutalmente contra un muro.
Dos maestros y un aprendiz Jedi se dirigieron corriendo hacia Vader, con sus sables encendidos y gritando. O ahora o nunca, podían vencerle. “Ilusos”, pensó Vader. Alzó su sable a un lado y lo atizó contra el único padawan que quedaba vivo, partiéndolo en dos. Luego, con su mano derecha, giró el sable y decapitó a Delra.
Jar’Al continuaba cabizbajo.
- Demasiado fácil – dijo Vader.
- Siempre fuiste tan arrogante… - respondió Jar’Al.
- Es tu turno.
- Anakin…
- No menciones ese nombre jamás.
- Sabía que acabarías así.
- ¡Cállate!
Vader se dirigó hacia Jar’Al, dispuesto a acabar con él.
- Algún día te darás cuenta… – dijo Jar’Al, Vader estaba a pocos pasos de él. –…y ese día será demasiado tarde.
Vader atravesó con su sable al caballero Jedi con fuerza. Éste ni se inmutó en ningún momento, únicamente clavaba su mirada en los ojos –o lo que quedaba de ellos- de Vader. Su muerte había llegado y lo aceptó. Calló de rodillas y finalmente murió. Su cuerpo desapareció, a diferencia de los demás Jedi. Él y la Fuerza se habían hecho uno.
La caza había llegado a su fin.
Mola!, que gran historia tio!
ResponderSuprimirTe ha quedado genial.
Arreveure!
¡¡¡¡Pardiezzz!!!!!!!
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