
El kit del votante. Con la primera entrega el fascículo
número uno y una papeleta en blanco
Hoy he cumplido. Por primera vez he votado (aunque sea en un referéndum... pero he votado). Ya soy un ciudadano hecho y derecho, ya soy un hombre. Me he arreglado especialmente para la ocasión. Cuando estaba listo para salir de casa, he mirado por la ventana y me he enfrentado cara a cara con mi destino. He cogido mi tarjeta censal (ya hablé de ella), mi dni (he censurado aquí la foto por no dañar los sentimientos de los lectores), el sobre para poner el voto y, efectivamente, el voto. Cuando he salido de casa, he salido con la cabeza bien alta y repitiéndome a mi mismo, "vooooy a votar, vooooooy a votar", moviéndome chulescamente y con todo "el kit del votante" en mi mano, cual película de Michael Bay (por los planos, cámras lentas...).
- ¡Mirad! ¡Va a votar!
- ¿Votar qué?
- El referéndum para una constitución europea para Europa, claro. ¿no lo sabías?
- ¿Qué es Europa?
El colegio erectoral... digooo, electoral, es el Doctor Fleming de Viladecans, o algo así. Está situado en un barrio marginal gitano (aka guetto que lo flipas) de dicho pueblo. Entrar allí es una aventura muy arriesgada, moviéndote por las calles con el máximo sigilo posible, no vaya a ser que te vea un gitano desde tu casa y te quiera quitar dos céntimos de euro para pagarse el bocata o recargarse el móvil, quién sabe.
Finalmente llegué a mi destino, cansado y con rasguños en la ropa. Burlar a las pandillas de adolescentes gitanos ha sido una tarea agotadora. Éstos raros y salvajes animalitos tienen los sentidos disparados para sentir presencias a dos kilómetros de distancia y robarles lo último en móviles de 2001 a sus víctimas, tanto, que les cuesta pensar con claridad. Pero bueno, eso es otra historia, vayamos al grano.
Entré en el ¿colegio? electoral mirando de izquierda a derecha, mirando a todo dios que pasaba por mi lado. Ellos también lo hacían y se susurraban entre ellos "Es un novato, un novatoooooo", "y qué pintas", decía otro. Decidí ignorar a esas víboras de mala madre y me dirigí a la clase donde tenía que depositar mi voto. Frente a mí habían tres mesas con dos o tres personas en cada una. En el centro de las mesas, una urna, llenita, cosa que me sorprendió. Caminé poco a poco hasta la mesa U (o ÚNICA, eso es lo que ponía en el cartel) y me detuve frente a ella.
- Éste es novato - susurró la mujer que había en la mesa a un calvorotas que estaba a su lado, el cual asentía.
- Vengo a votar - dije. ¿Y a qué venía? Seré idiota, no sé en qué pensaba al decir eso. Le di el DNI, sin censura, al calvorotas y lo repasó. Luego se lo dio a la mujer de antes y ojeó unos papeles, a continuación asintió.
- Ya puedes darle el voto - me dijo, con una sonrisa algo maliciosa. Se lo di al calvorotas y éste lo introdujo en la ranura de la urna. El sobre cayó al montón que ya había dentro. Europa ya contaba con mi SÍ a la constitución.
Giré sobre mi mismo y me fui de aquél colegio. Respiré hondo. "Ya soy un hombre", me dije. Y volví a cruzar sigilosamente el guetto gitano para volver a casa y escribir esta soplapollez blogeril. Ea, ¡hasta dentro de tres años!
- ¡Mirad! ¡Va a votar!
- ¿Votar qué?
- El referéndum para una constitución europea para Europa, claro. ¿no lo sabías?
- ¿Qué es Europa?
El colegio erectoral... digooo, electoral, es el Doctor Fleming de Viladecans, o algo así. Está situado en un barrio marginal gitano (aka guetto que lo flipas) de dicho pueblo. Entrar allí es una aventura muy arriesgada, moviéndote por las calles con el máximo sigilo posible, no vaya a ser que te vea un gitano desde tu casa y te quiera quitar dos céntimos de euro para pagarse el bocata o recargarse el móvil, quién sabe.
Finalmente llegué a mi destino, cansado y con rasguños en la ropa. Burlar a las pandillas de adolescentes gitanos ha sido una tarea agotadora. Éstos raros y salvajes animalitos tienen los sentidos disparados para sentir presencias a dos kilómetros de distancia y robarles lo último en móviles de 2001 a sus víctimas, tanto, que les cuesta pensar con claridad. Pero bueno, eso es otra historia, vayamos al grano.
Entré en el ¿colegio? electoral mirando de izquierda a derecha, mirando a todo dios que pasaba por mi lado. Ellos también lo hacían y se susurraban entre ellos "Es un novato, un novatoooooo", "y qué pintas", decía otro. Decidí ignorar a esas víboras de mala madre y me dirigí a la clase donde tenía que depositar mi voto. Frente a mí habían tres mesas con dos o tres personas en cada una. En el centro de las mesas, una urna, llenita, cosa que me sorprendió. Caminé poco a poco hasta la mesa U (o ÚNICA, eso es lo que ponía en el cartel) y me detuve frente a ella.
- Éste es novato - susurró la mujer que había en la mesa a un calvorotas que estaba a su lado, el cual asentía.
- Vengo a votar - dije. ¿Y a qué venía? Seré idiota, no sé en qué pensaba al decir eso. Le di el DNI, sin censura, al calvorotas y lo repasó. Luego se lo dio a la mujer de antes y ojeó unos papeles, a continuación asintió.
- Ya puedes darle el voto - me dijo, con una sonrisa algo maliciosa. Se lo di al calvorotas y éste lo introdujo en la ranura de la urna. El sobre cayó al montón que ya había dentro. Europa ya contaba con mi SÍ a la constitución.
Giré sobre mi mismo y me fui de aquél colegio. Respiré hondo. "Ya soy un hombre", me dije. Y volví a cruzar sigilosamente el guetto gitano para volver a casa y escribir esta soplapollez blogeril. Ea, ¡hasta dentro de tres años!
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