
Ozú! Qué mal rollo!
Hey supremos, Rafalet al habla.
Hoy ha sido un día perro. Pero perro perro.
Para empezar, la noche pasada, no dormí absolutamente nada, y es que no tenía sueño, y claro, cuando no tienes sueño y estás en la cama a la fuerza, haz de todo menos intentar dormir (mmm, no penseis mal).
Efestivamente, lo primero que hice fue cerrar la puerta del pasillo de mi casa, ya que el dichoso pasillo conecta con las habitaciones de mis hermanas y de mis padres. Luego cerré la puerta de mi habitación (que está junto al recibidor) y encendí el ordenador. Puto ordenador. Me enfado con él porque hace un ruido del carajo por la noche. Creo que lo hace por joder. En fin, que me pasé conectado a internet hasta aproximadamente las cuatro menos cinco de la mañana. Seguía sin sueño y con un dolor de piernas terrible, pero mi padre se podía levantar de la cama en cualquier momento, y más vale prevenir que curar.
Me tumbé en la cama, con una luz pequeña encendida. "¿Qué hago?", me pregunté. Estaba aburrido, nen. Así que agarré la Nintendo DS y me puse a jugar a la demo del Metroid Prime, ya que el Mario 64 DS y el Wario Ware Touched! ya me los había pasado.
Cuando miré el reloj ya eran casi las cinco y media de la mañana. Faltaban tres cuartos de hora para que mis padres se levantaran para ir a trabajar, y como la DS me rallaba (¡que saquen más juegos!) y faltaba mucho rato para irme al comedor a desayunar y a tumbarme en el sofá, pues encendí la tele y me tragué una serie malísima sobre un tipo con gafas que investigaba milagros por doquier en TV3.
Media hora después sonaban los despertadores de mis padres. Apagué la tele y me hice el dormido para que no me cayera la santa bronca por no dormir (ni intentarlo), pero al final mi madre me pilló. Menos mal que no le dijo nada a mi padre porque es capaz de discutir con el ordenador y denunciarle.
A las siete y cuarto de la mañana me tumbé en el sofá, con mi perra encima, y me empezó a entrar sueño. Creo que Dios, si es que existe, a veces disfruta haciendo éste tipo de cosas. Menudos jartones de reír se debe pegar allí arriba mientras se zampa un bol de palomitas y se envía mensajitos al móvil con Satanás.
Bastantes horas después me desperté, claro. Eran las dos del mediodía cuando mi hermana me pegó un bofetón y me exigió, una vez más, que me levantara y que tendiera la ropa. Madre mía, qué caracter tiene ésta niña.
El resto del día no ha ocurrido gran cosa. Comí, me senté en el sofá y vi la procesión del cadáver embalsamado de Juan Pablo II a la basílica de San Pedro (juro por el productor de Melody que algún día iré). No se me ha escapado la lagrimilla, ni mucho menos, pero si que he tenido una sensación de penilla por el hombre.
Ea, me voy a cenar.
Hoy ha sido un día perro. Pero perro perro.
Para empezar, la noche pasada, no dormí absolutamente nada, y es que no tenía sueño, y claro, cuando no tienes sueño y estás en la cama a la fuerza, haz de todo menos intentar dormir (mmm, no penseis mal).
Efestivamente, lo primero que hice fue cerrar la puerta del pasillo de mi casa, ya que el dichoso pasillo conecta con las habitaciones de mis hermanas y de mis padres. Luego cerré la puerta de mi habitación (que está junto al recibidor) y encendí el ordenador. Puto ordenador. Me enfado con él porque hace un ruido del carajo por la noche. Creo que lo hace por joder. En fin, que me pasé conectado a internet hasta aproximadamente las cuatro menos cinco de la mañana. Seguía sin sueño y con un dolor de piernas terrible, pero mi padre se podía levantar de la cama en cualquier momento, y más vale prevenir que curar.
Me tumbé en la cama, con una luz pequeña encendida. "¿Qué hago?", me pregunté. Estaba aburrido, nen. Así que agarré la Nintendo DS y me puse a jugar a la demo del Metroid Prime, ya que el Mario 64 DS y el Wario Ware Touched! ya me los había pasado.
Cuando miré el reloj ya eran casi las cinco y media de la mañana. Faltaban tres cuartos de hora para que mis padres se levantaran para ir a trabajar, y como la DS me rallaba (¡que saquen más juegos!) y faltaba mucho rato para irme al comedor a desayunar y a tumbarme en el sofá, pues encendí la tele y me tragué una serie malísima sobre un tipo con gafas que investigaba milagros por doquier en TV3.
Media hora después sonaban los despertadores de mis padres. Apagué la tele y me hice el dormido para que no me cayera la santa bronca por no dormir (ni intentarlo), pero al final mi madre me pilló. Menos mal que no le dijo nada a mi padre porque es capaz de discutir con el ordenador y denunciarle.
A las siete y cuarto de la mañana me tumbé en el sofá, con mi perra encima, y me empezó a entrar sueño. Creo que Dios, si es que existe, a veces disfruta haciendo éste tipo de cosas. Menudos jartones de reír se debe pegar allí arriba mientras se zampa un bol de palomitas y se envía mensajitos al móvil con Satanás.
Bastantes horas después me desperté, claro. Eran las dos del mediodía cuando mi hermana me pegó un bofetón y me exigió, una vez más, que me levantara y que tendiera la ropa. Madre mía, qué caracter tiene ésta niña.
El resto del día no ha ocurrido gran cosa. Comí, me senté en el sofá y vi la procesión del cadáver embalsamado de Juan Pablo II a la basílica de San Pedro (juro por el productor de Melody que algún día iré). No se me ha escapado la lagrimilla, ni mucho menos, pero si que he tenido una sensación de penilla por el hombre.
Ea, me voy a cenar.
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