27 de agosto de 2005

Al tajo


No, ella no nos ha ayudado a limpiar, pero
a mi padre y a mí ya nos hubiera gustado

Bueno como ya os dije estos días he estado ocupadito porque el bar de mis padres necesita una limpieza a fondo. Y es que, en apariencia, puede parecer un bar muy limpito. Pero levantas cualquier mueble fijo y te encuentras con un auténtico mundo de fantasía guarreril, donde la mierda se encuentra en su estado más puro y pueden nacer incluso pitufos de lo que puede haber allí. Vaya, creo que con este último comentario he perdido bastante clientela por vuestra parte xD.

Hoy nos ha tocado limpiar los fluorescentes, que parecían palos de escoba de madera de lo guarros que estaban por culpa del puto humo del puto tabaco. También hemos organizado las neveras, donde hemos encontrado otros tantos mundos de fantasía guarreril, pero ésta vez líquida (¡y negra! un auténtico asco); hemos desayunado y luego, cuando mi madre ha acabado de pelearse con la minicadena y poner esa mierda de disco llamado "Lo más de las canciones del verano", nos hemos puesto con la cocina: hemos lavado platos, cubiertos, unos enanitos que habían surgido de la nada del bote de los chupachups y los cuales eran la mar de simpáticos pero los hemos tirado a la basura porque habían surgido de la nada del bote de chupachups y por eso precisamente nos daban asco (ahora llega cuando tenéis que respirar por culpa de la maldita ausencia de comas en la frase), y demás cositas.

Total, que salvo un par de detalles que iremos a arreglar ahora en un momentín, el bareto ha quedado limpio como el culito de un niño, dispuesto a volverse a ensuciar cuando los primeros paletas paletos entren a pedir BOCATAAAAAAAS (porque en el bar los bocatas no se llaman ni bocatas ni bocadillos, sino
BOCATAAAAAAAS) de cualquier cosa inimaginable (desde bocadillos de, atención, tortilla de morcilla; hasta bocadillos de chocos -ay, que vomito-) a granel. Más las mamaitas que han dejado a sus niñitos a su correspondiente colegio pijo de pago de al lado y que quieren su correspondiente café con leche (o cortado, o no) en tacita con su correspondieeeeente chocolatina pequeñita, etecé, etecé. Y es que un bar es todo un mundo. Y qué mundo. Aún maldigo a mis padres por no derribar todo aquello y montarse una cafetería la mar de bonita en vez de un bar de barrio lleno de abueletes jugando al dominó las 24 horas del día.

Pero la pela... es la pela.

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