Pero qué rabia que tengo en el cuerpo, cagondios.
Resulta que acabo de bajar a tirar la basura. Iba con un cohete en el culo porque el saco (sí, nosotros somos especiales y nuestras bolsas de basura no iban a ser menos, así que en vez de ser bolsas, son sacos negros) se estaba rajando por un lado y o me daba prisa o inundaba la calle de basura producida por una família numerosa durante un día. Pues eso, que iba con el cohete en el culo cuando me he cruzado de sopetón con una amiga que hace tiempo que no veo, y un tiparraco mucho más joven que la acompañaba. Se trataba de la Cristina Tomás, por si me está leyendo alguien conocido. Resulta (cómo me enrollo) que, tras saludarla con un hola y una sonrisa, dispuesto a charlar aunque sea cinco minutos y pese el look maruja de móstoles que llevo siempre para estar por casa, ella sólo se ha dignado a responderme con un hola, serio y conciso, sin mirarme a la puta cara, para a continuación reprender la conversación que llevaba con el niñato ese (que supongo que posteriormente se tiraría, o qué sé yo). Naturalmente, después de esos tiempos buenos y malos que pasamos, me ha sentado un poco mal. Y de esa forma me ha revelado involuntariamente su perturbada, camaleónica y dudosa personalidad (necesitas más ayuda psicológica de la que ya recibes, ¡nena!).
Pero qué falsa es la puta gente, joder. De verdad que tengo una rabia en el cuerpo que me han dado ganas de coger el saco grande de basura y tirárselo encima. ¿Y yo era el que siempre me preguntaba por qué alguna gente que conozco la ponía verde cada vez que la mencionaban? ¡Anda cha!
En fin, menos mal que ya no tiene ninguna pertenencia mía (yo sí tengo un libro suyo de secundaria). Y si lee esto, me la suda tanto como el pedo de un colibrí. Supongo que este tipo de cosas asquerosas estarán a la orden del día en la vida.
Pues vaya.
Resulta que acabo de bajar a tirar la basura. Iba con un cohete en el culo porque el saco (sí, nosotros somos especiales y nuestras bolsas de basura no iban a ser menos, así que en vez de ser bolsas, son sacos negros) se estaba rajando por un lado y o me daba prisa o inundaba la calle de basura producida por una família numerosa durante un día. Pues eso, que iba con el cohete en el culo cuando me he cruzado de sopetón con una amiga que hace tiempo que no veo, y un tiparraco mucho más joven que la acompañaba. Se trataba de la Cristina Tomás, por si me está leyendo alguien conocido. Resulta (cómo me enrollo) que, tras saludarla con un hola y una sonrisa, dispuesto a charlar aunque sea cinco minutos y pese el look maruja de móstoles que llevo siempre para estar por casa, ella sólo se ha dignado a responderme con un hola, serio y conciso, sin mirarme a la puta cara, para a continuación reprender la conversación que llevaba con el niñato ese (que supongo que posteriormente se tiraría, o qué sé yo). Naturalmente, después de esos tiempos buenos y malos que pasamos, me ha sentado un poco mal. Y de esa forma me ha revelado involuntariamente su perturbada, camaleónica y dudosa personalidad (necesitas más ayuda psicológica de la que ya recibes, ¡nena!).
Pero qué falsa es la puta gente, joder. De verdad que tengo una rabia en el cuerpo que me han dado ganas de coger el saco grande de basura y tirárselo encima. ¿Y yo era el que siempre me preguntaba por qué alguna gente que conozco la ponía verde cada vez que la mencionaban? ¡Anda cha!
En fin, menos mal que ya no tiene ninguna pertenencia mía (yo sí tengo un libro suyo de secundaria). Y si lee esto, me la suda tanto como el pedo de un colibrí. Supongo que este tipo de cosas asquerosas estarán a la orden del día en la vida.
Pues vaya.
¡¡¡Revélate, neeenaaa!!!
ResponderSuprimir1) Quita la alfombrilla de la ducha.
2) Pon el libro de esa pelandrusca.
3) Rocíalo con alcohol (no te preocupes, de eso lo hay en todas las casas), si no, bajas al bar y coges una botella de coñac, que prende de putísima madre, pero antes te tomas un copazo a mí salud, y después rocias el libro.
4 Le prendes fuego al libro.
5 Ves cómo las llamas lo consumen, y desfrutas, claro (si no, no tiene gracia, nena)
6 Antes de que empiece a hacer humo, abres el agua de la ducha y lo apagas.
7 Eliminas el cuerpo del delito (que esté bien apagado) o sea, que te tocará otra vez sacar la basura.
8 Limpias le plato ducha (o bañera), y vuelves a colocar la alfombrilla como si allí nunca hubiera pasado nada.
Mira que yo no soy vengativa, pero con experiencias como esa, ¡dan ganas de hacerse un master en maldades, neeenaa!
La gente da asco.
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