Primera parte
Mientras subía las largas series de escaleras que conectaban Coruscant con el Templo Jedi, y seguido por cientos de soldados de asalto clon,
Anakin Skywalker sentía dentro de él una tormenta de confusas emociones. Sabía que iba a hacer algo terrible durante las próximas horas, pero todo por una causa que sin duda merecería la pena:
Padmé. No estaba dispuesto a dejarla morir. Tenía que aprender el poder de salvarla de la muerte, aunque eso conllevase matar a los Jedi del Templo y abrazar el
Lado Oscuro. Estaba seguro de que cuando acabase con la guerra, retornaría al
Lado Luminoso de la Fuerza, derrotaría a
Palpatine, y salvaría a
Padmé. Él era
El Elegido, ¿qué podría salir mal? De todas formas,
Anakin sufría por lo que tenía que hacer: Cuando subió el último escalón y vio las puertas del Templo, brotaron lágrimas de sus ojos. Sólo por esa noche, desataría a
Darth Vader de su interior.
Por
Padmé.
Muy pocos Jedi eran capaces de adentrarse en el
Lado Oscuro temporalmente, sin ser seducidos por éste, para poder utilizarlo tanto en el combate como en el dominio de
la Fuerza. Un caballero Jedi llamado
Bazza pertenecía a esa minoría. De aspecto delgado y alto, cabello negro y áspero, y vello facial harto visible,
Bazza pasaba el día meditando y explorando
la Fuerza, intentando ver a través de y traspasar ese grueso pero no tan resistente muro que separa la
Luz de la
Oscuridad, los Jedi de los Sith, sin que la corriente de corrupción e impureza le arrasatrase hasta el fondo del abismo oscuro. Es una de las técnicas más peligrosas y difíciles que se conocen. El único maestro que conocía
Bazza que dominase dicha técnica a la perfección era
Mace Windu, que la utilizaría si el peligro real de los Sith amenazase a
la Orden, a
la República y a la paz y a la justícia reinantes en la galaxia. La técnica que permite utilizar el
Lado Oscuro sin caer en él era peligrosa, sí, pero muy poderosa: El uso de
la Fuerza se podía multiplicar por mil.
De repente,
Bazza notó una perturbación grave en
la Fuerza. Muy grave. Abrió los ojos de golpe y salió de la oscura sala de meditación. En los enormes pasadizos del Templo Jedi, reinaba la inquietud, todo el mundo notaba algo.
Bazza trató de buscar al maestro
Windu, pero ningún caballero sabía dónde estaba. Ni él, ni los maestros que se tenían que quedar al cargo de padawans y caballeros, y que no estaban combatiendo a los separatistas en algún que otro remoto sistema del
Borde Exterior. De repente, una padawan se puso a chillar histérica, cerrando con fuerza los ojos y llevándose las manos a la cabeza: Sentía pánico.
Bazza se apresuró en ir donde estaba la joven, e intentar calmarla.
- Vamos, dime, ¿qué te pasa? ¡Responde! - Dijo
Bazza. La chica calló, y se quedó boquiabierta y con los ojos a punto de derramar un torrente de lágrimas.
- He visto muerte... destrucción...
Oscuridad, perdición y miedo mucho miedo, en tan solo un segundo. - dijo la joven padawan finalmente, y entre sollozos.
- ¿Una premonición?
- No estoy segura...
Bazza abrazó a la chica e intentó tranquilizarla. La dejó con sus compañeros y bajó a las plantas inferiores del Templo, donde el resto de padawan se entrenaban, y donde podría encontrar a algún maestro. Pero no llegó a bajar del todo, algo llamó su atención en el exterior.
Algo alarmante.
A pesar de la oscuridad de la noche y la poca iluminación de los exteriores del Templo, podía verlo con toda claridad: Cientos y cientos de soldados clon, liderados por un encapuchado. En su mano, portaba un sable láser.
- No es un Jedi. - dijo un caballero Jedi que había al lado de
Bazza, contemplando al igual que él aquello.
- ¿Cómo dices? - preguntó
Bazza.
- El que lidera esas tropas clon. No es un Jedi, aunque intente aparentarlo. Porta un sable láser como única arma, pero no es suyo, sin duda es un arma que le ha sido arrebatada a su dueño original.
- ¡Es el maestro Anakin! - gritó un padawan, que también miraba al misterioso encapuchado. El caballero Jedi que estaba junto a
Bazza y el padawan, se giró lentamente para mirar a éste último.
- No: Anakin Skywalker ha muerto - Dijo muy seriamente.