
Os prometí un par de veces un especial sobre la saga de películas que cuenta la vida del boxeador y campeón del mundo de los pesos pesados
Rocky Balboa, creada en todo su conjunto por Sylvester Stallone, y aquí lo tenéis, ahora que ya he visto la saga entera (de hecho, ha sido una "tarea" que me ha mantenido
enrockyzado durante las dos últimas semanas).
La saga de
Rocky no se caracteriza por ofrecer unas películas de alta calidad cinematográfica ni nada que se le asemeje. Stallone me ha sorprendido en ese aspecto, ya que estas películas, no siendo en absoluto nada del otro mundo, gozan de un popularidad social y cultural sobresaliente. A medida que iba viendo la serie me preguntaba el por qué, pero poco a poco me di cuenta de ello.
Lo más grande de la saga de
Rocky, la clave de su éxito y lo que sustenta todo el peso de las seis (ojo) películas, en definitiva, el auténtico peso pesado de la serie es, sin duda alguna, su carismático protagonista y el resto del elenco de apasionantes personajes y su naturalidad y conexión directa (como uno de los derechazos que pega su protagonista) con el espectador. Película a película, Stallone, escritor y director, consigue que se les vaya cogiendo un cariño y una familiaridad in crescendo a esa peculiar pandilla de ciudadanos de Philadelphia, lo cual suma muchos puntos a la hora de valorar el trabajo del protagonista de
Rambo y del resto de actores.

Pero no es sólo eso. La saga de
Rocky y, sobretodo, su primer episodio (que recordemos ganó el Oscar a la mejor película de 1976, superando a la mismísima
Taxi driver de Scorsese), gracias en gran parte a lo que antes he mencionado, tienen la capacidad de perdurar en el tiempo y en la mente del espectador, tal y como se ha podido comprobar a lo largo de estos treinta y un años.
Por desgracia, la calidad de la saga fue decreciendo película a película, en parte porque Stallone fue repitiendo una y otra vez el mismo esquema que funcionó con
Rocky I, pero con unos guiones cada vez más erosionados y pésimamente escritos: Y ahí están esos productos para olvidar como lo son la
pésima Rocky IV (un videoclip eterno con exceso de contenido político, lamentable y cutre, que rompía con el estilo de la saga) y la sosez absoluta (aunque pasable) de
Rocky V, la primera película donde Rocky Balboa no se subía al ring, algo que los fans nunca perdonaron.
Y ahora, diecisiete años después del último episodio de la saga, a Sylvester Stallone le habrá cogido un ataque de nostalgia y se habrá puesto a reflexionar sobre ese final tontorrón y poco merecido que le dio a la serie con
Rocky V. Y por ello, supongo y espero, decidió volver a ponerse detrás de las cámaras (y a subir al ring) para contarnos más sobre uno de los mejores personajes que ha parido la historia del cine, y, dicho sea de paso, ponerle el punto y final definitivo a la saga.
Rocky Balboa acaba siendo el mejor y más emotivo episodio de toda la serie. Pese a lo lenta (aunque encantadora y nostálgica) que llega a ser durante su primera hora, el ritmo pega un subidón en todos los sentidos a partir de la ya mitiquísima secuencia de entrenamiento, al ritmo de
Gonna fly now. Entonces Stallone se crece y nos brinda unas de las mejores secuencias de boxeo de toda la historia del cine, experimentando con la cámara y la fotografía, hasta desencadenar en el mejor, más emotivo y más digno final que pudiera tener la saga de
Rocky. Una verdadera carta de amor, escrita a puño y letra y con cariño, por parte de Stallone, a todos los rockymaníacos, que no son pocos.
Aunque claro, si no has visto las predecesoras, poco te va a decir
Rocky Balboa, donde el elemento nostálgico cuenta mucho, así que antes de verla os recomiendo tragaros toda la saga. Y cuando lleguéis a
Rocky IV y
V, tened paciencia xD.