Ah, el Holocausto nazi. Ese tema tan recurrente e irresistible para el séptimo arte. Llevamos un ritmo de dos o tres películas al año que lo tocan directa o indirectamente. Esta vez ha llegado el turno de El niño con el pijama de rayas, un relato sobre un niño alemán (hijo de un general nazi) y otro judío (em, judío y, em, preso) que entablan amistad a través de las verjas de un campo de concentración, adaptación del best-seller de John Boyne.Quizá por ello, el que sea una adaptación de un best-seller, la sala estaba esta tarde prácticamente llena. Ah, aquí los dioses del séptimo arte son muy inteligentes. Una novela triunfa entre la plebe y, sin importar su calidad, se traslada en menos de tres años a la pantalla grande. El negocio, ya se sabe: There's no bussiness like show bussiness.
Pero, vayamos al grano: ¿Es buena El niño con el pijama de rayas, o qué?
Pues joder, no, no me ha parecido buena. Y os seré muy franco.
Quizá el libro pueda funcionar para los más pequeños (según he leído), pero yo soy un adulto y a este juego no he sabido entrar. Creo saber distinguir cuándo me la están metiendo doblada y cuándo no, y aquí he tenido esa sensación desde prácticamente el minuto diez. Ahí es cuando me he incorporado, me he levantado los pantalones, me he girado y he mirado a la cara primero al escritor de la novela, y luego al director de la película, y les he abofeteado muy serio, cabreado e indignadísimo.
¿Qué falla? Ay, queridos. Para empezar, esto es Tod y Toby en el Holocausto. Peinad a Toby como Hitler y vestid a Tod como un preso judío de un campo de concentración, y tendréis a los dos protagonistas de esta película. La historia es la misma, me cago en la hostia, y tiene una gracia muy particular que, además, El niño con el pijama de rayas sea una película producida por Disney (Miramax en concreto, que al caso es lo mismo).
Pero el principal problema es lo tramposa que llega a ser la historia, usando a los niños de una manera hasta pornográfica y de muy mal gusto para provocar la lágrima fácil. Porque de chicha que sacar, más bien poca, ya que, no sólo se nos cuenta algo asquerosamente previsible y rellena de tópicos, sino que no se nos cuenta nada nuevo, por lo tanto estamos ante un relato redundante en su campo, con el objetivo de conmover, provocar el shock y... vender muchos libros y entradas para la película, gracias al boca a boca.
Pero eso no importa, porque los niños dan mucha penita y yo seré un insensible asqueroso de mierda porque estaba deseando que
Anda, se lo voy a preguntar a los millones de alemanes de aquella época que levantaban el brazo cara al sol con mucho salero, entusiasmo y jolgorio, si es cierto y tal.
En fin, de la película me voy a quedar con la banda sonora, en su sitio; con la fotografía, también en su sitio; y con la dirección, porque el clímax final, pese a todo, está muy bien llevado técnica y narrativamente (aterrador ese plano final).
Sin más. Voy a ponerme Tod y Toby, que al menos no intentaba provocar el sollozo apuntándole con una pistola a un crío en plena sien, y ya estaba hecha en dibujos animados directamente.
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