NOTA: Artículo publicado en Cookies on the Net.El anime de
Detective Conan se estrenó en Japón el 8 de junio de 1996. Aún está en emisión desde entonces, y ya lleva la friolera de más de quinientos episodios en su haber. Pero la tirada de esta serie también afecta al manga: 645 capítulos (casi cien tomos), y aún sigue publicándose.
No hace falta decir que la serie es un éxito allá por donde va. En nuestro país el manga está siendo publicado por Planeta, y el anime se emite en las cadenas autonómicas… eso sí, de una forma regular.
Pero el éxito de masas no siempre es sinónimo de calidad (sólo hay que echar un vistazo las series españolas y sus respectivas audiencias). ¿Es
Detective Conan una mala serie? Para mí, sí. Y de las peores. ¿Por qué? Es bien sencillo:
No se puede empezar una serie con una trama en concreto, y luego pasar de ella.
Detective Conan la protagoniza Shinichi Kudo, un chaval que se le da muy bien resolver casos y ayuda en cuanto puede a la policía. Un día, Shinichi lleva a la chica que le gusta a un parque de atracciones (me olvidé decir que el tío tiene diecisiete años…). Tras un fatal incidente que involucra una pareja y un asesinato en la montaña rusa (esclarecido posteriormente, por supuesto), Shinichi presencia una transacción sospechosa; en eso, dos hombres de negro lo ven, lo golpean y le hacen beber una nueva droga que, supuestamente, lo mataría. Pero sólo le hace encoger su cuerpo hasta la edad aproximada de siete años.
Desorientado, decide ir a buscar ayuda a casa de su vecino, el profesor Agasa. Al principio desconfía de él, pero después de demostrarle que sus dotes deductivas continúan intactas, Agasa le cree. El profesor le aconseja que no diga nada pues quizás lo encuentren y hagan daño a sus seres queridos. Ran (la mozuela que le gusta a Shinichi) aparece en ese momento para ver si está ahí Shinichi, en ese momento éste se camufla poniéndose unas gafas y, durante el apuro de la situación, inventa el nombre de Conan Edogawa (de "Conan" de Arthur Conan Doyle, y "Edogawa", de Rampo Edogawa) y que es un pariente lejano del profesor Agasa, cuyos padres están en el extranjero.
Conan, persuadido por los consejos del profesor, decide irse a vivir a casa de Ran, pues quizás el trabajo de su padre, el detective Kogoro Mouri, lo acerque a los criminales que le hicieron tomar esa droga y, por lo tanto, a una hipotética cura.
La trama principal es resolver el propio caso del problema de Shinichi: su empequeñecimiento y la relación con la Organización de los Hombres de Negro. El problema está en que esta trama se toca de una manera demasiado intermitente durante toda la serie. Es una trama que desde el primer capítulo el espectador está ansioso por saber más de ella. Pero la serie tira más por capítulos de casos auto conclusivos que, al principio están muy bien, pero pasados unos cuantos episodios todo huele demasiado a repetición.
Detective Conan tendría que haber sido una serie “corta”, de unos cincuenta o cien episodios solamente. Su trama principal no da más de sí. No se puede empezar esa trama y recuperarla cuarenta episodios después. Y tampoco se le puede dar a la serie un espacio temporal en concreto y luego pasar de él. Existe la consciencia en la serie por X motivos de en qué fecha se está, pero el tiempo va pasando y los personajes no envejecen (el mismo Conan no ha crecido ni un milímetro desde 1996), y los acontecimientos que deberían suceder de una vez, no suceden.
En cambio, vemos centenares de casos diferentes (pero con los mismos clichés) unos tras otros, y la serie se va haciendo cada vez más repetitiva, y se va perdiendo cada vez más y más credibilidad y seriedad: básicamente porque, donde van los protagonistas, algo pasa. Son muy pocos los episodios en que los protagonistas están tan panchos en el cuartel de Kogoro Mouri y reciben una llamada o la visita de alguien que les proporcione un caso nuevo.
Al final, tras perder la paciencia después de un centenar de episodios, uno llega a las siguientes conclusiones:
- Que la serie se le escapó de las manos a Gosho Aoyama, debido al éxito. O que directamente es un autor nefasto que no es capaz de darle a la serie un universo propio y coherente con él mismo.
- Que los protagonistas son una panda de gafes porque allá por donde van, sucede un crimen que… ¡tendrán que resolver!
- Que los policías de esta serie son una panda de subnormales integrales porque no resuelven ni un solo caso. Y si lo resuelven, es gracias a la ayuda de un niñato de diecisiete años empequeñecido.
- Que todos los personajes de la serie son idiotas, porque no son capaces de ver que un hombre que está sentado frente a ellos no está hablando, sino que está dormido, y que su voz no sale de su boca, ¡sino de detrás del sillón donde está sentado!
Mucha gente me ha intentado rebatir todo lo que opino de este bodrio con
Doraemon, y yo les digo que la trama principal propia de
Doraemon (la misión de Doraemon en el pasado) se toca en todos y cada uno de sus casi dos mil episodios, y que no existe ni uno solo de esos episodios que haya decaído en originalidad, ni que haya sido incoherente con su propio universo.
Lo único que tienen en común
Doraemon y
Detective Conan es que en el estilo de dibujo tienen una personalidad propia e intachable, a diferencia de muchas otras series actuales que tan de moda están (y no miraré a nadie).