
Eran las ocho y poco de la mañana cuando íbamos los cinco embutidos en el coche de la
Jenny, histéricos y con un ataque de risa tonta, dirigiéndonos a la estación de tren para ir al
Prat, y de allí al
aeropuerto, con destino a
Liverpool. Yo estaba nervioso, ya que era
mi primer vuelo. Y a medida que iba pasando el tiempo, más nervioso me ponía. Cuando llegamos al aeropuerto y soportamos las tediosas colas de
EasyJet, nos fuimos con el cohete en el culo hacia la terminal donde teníamos que ir.
Mi primer control en un aeropuerto. Ahí estaba. Venga a quitarse el abrigo, la mochila, el desodorante en bolsita transparente que estaba en la mochila, y el cinturón. Haciendo malabares entre la caja donde tenía que ir todo lo mencionado y los pantalones anchos que vestía para que no se me cayesen y me quedase en gayumbos, pasé el control con éxito y sin sustos. Quedaba oficialmente declarado no terrorista. Después del control, otra vez con el cohete en el culo para organizar nuestras cosas (a saber: ponerse el cinturón, meter las cosas en la mochila y coger el abrigo y la bufanda en menos de medio minuto) y salir pitando hacia la puerta de embarque, ya que llegábamos tarde. Al final agua de borrajas: son unos blandos estos de
EasyJet. Mucho aviso para que al llegar aún no hubiera nadie embarcando. Total, casi diez minutos de espera para poder embarcar y... ay, ahí estaba el aparato. Ese condenado avión naranja y blanco con el que perdería mi virginidad aérea. Nuestras miradas se cruzaron, y cinco minutos después entré en sus entrañas. Me senté donde me tocó, con esas dos adorables criaturas que son la
Jenny y la
Patri, en plan rompecorazones powa, y hala.
Veinte minutos después, ya estábamos en el aire, con un
Rafalet pendiente de cada sonido que hiciese el maldito avión y preguntando por ello a sus amigas. "Fsssst!" "¿QUÉ es eso?" "Fshhhhfoa!" "Ay Cristo, ¿y ESO?". Pero sobreviví a todo ello. Y a las presiones, y al aterrizaje, que casi me cago encima cuando las ruedas tocan la pista.
En el avión había una azafata que era una vikinga. Pelirroja y corpulenta, se llamaba
Jo, y a mí me conquistó.
Al bajar del avión, tuve mi minuto de gloria. Eso de bajar las escaleras y tocar tierra es lo más glamouroso que he hecho en mi vida. Sólo me faltaba alguien que me diera un ramo de flores al llegar abajo, y luego besar el suelo como lo hacía
Juan Pablo II. Pero no. Salimos los últimos del avión con todo el morro del mundo, saltando, brincando y chillando nerviosos perdidos porque ya estábamos en
Liverpool. Y se notaba en el ambiente.
Tras
MEAR quedarnos a gusto en los lavabos del
aeropuerto John Lennon, nos quedamos plantados ahí en medio con cara de "¿Y ahora QUÉ?". "¡Buses!" alguien exclamó. Ah claro, que tenemos que llegar a la ciudad y encontrar el hostal donde dormiríamos. En fin, que fuimos a un panel donde habían mil folletos, cogimos un par de mapas y no nos aclaramos. Fuimos al tenderete de Información y nos atendió una señora muy maja con acento adorable que nos lo explicó todo en un inglés claro cristalino, y tras apoquinar SEIS LIBRAS por DOS billetes de bus que nos valían para los viajes que nos daba la gana para los dos días que estaríamos allí, salimos, nos hicimos un par de fotos monguis en un
Yellow Submarine que había fuera del airport, y cogimos el bus.
Aluciné al ver al conductor encerrado en una cabina. Y mi culo alucinó más al sentarse en los asientos de autobús más blandos y cómodos donde me he sentado jamás. Tras llegar a nosédónde y coger otro bus noséporqué, nos bajamos en una parada cerca de Kensington Road, para buscar el hostal. Como teníamos más hambre que Kunta Kinte entramos en un McDonald's que había allí, y aquello fue lo más. A mí como no me gustan las hamburguesas, pues pedí una de patatas y dos cajitas de nuggets. No sé cómo entendió el chico de la caja lo que le pedí, pero me puso una de patatas, una de nuggets, y una agua. Como me dio corte, me aparté a un lado, mientras escuchaba a la
Jenny hacer el camelo ("Who's next?" "I" xD). Como seguían faltando cosas, fuimos a reclamar y alejop, nos dieron una más de nuggets, dos bolsas de patatas y un agua más de la cuenta. Tralará.
Unas cuantas patatas fritas de forma extraña (a saber qué aceite utilizan allí) y una docena de nuggets después, nos fuimos en búsqueda del hostal
Inn Confort. Nos perdimos un poco, pero al final acabamos encontrando... la calle, porque llegamos a donde se suponía que estaba el hostal, pero no había indicios de nada. Estaba el edificio que vimos por Internet, y había un folio cutre hecho con Word donde ponía "Inn Confort Reception" señalando a ningún lugar. Allí coincidimos con dos chicos italianos de nuestra misma edad,
Ricardo y
Valerio, muy majetes. Hablando en italiano ellos, nosotros en castellano, y chapurreando el inglés todos, nos entendíamos a la perfección. El caso es que acabamos picando en unos porteros automáticos que habían allí, a ver qué pasaba. No sucedía nada, y a cada segundo que pasaba nuestros ojetes se contraían de forma más y más dramática. Al final acabó saliendo un tio de un balcón, justo un par de pisos encima de nosotros, y soltó noséqué en un inglés casi inentendible por culpa del acento local.
El tio terminó siendo uno de los responsables de Inn Confort, y nos indicó que entráramos y subiéramos hasta la puerta 4. Desde luego, una recepción un tanto peculiar, esto de atender a la peña desde el balcón y a grito pelao...
Seguimos sus indicaciones y nos encontramos con lo que temíamos nada más ver el barrio donde estaba el hostal:
un cuchitril. El sitio consistía en un apartamento con seis habitaciones libres, dos cuartos de baño y una sala de estar, con tele y todo. ¿Inconvenientes? Salvo las sábanas limpias que nos dieron EN MANO nada más pagar (30 € que desde luego no eran representativos), limpieza cero. ¿Barrer y fregar el suelo y sobretodo el cuarto de baño? ¡Para qué! Calefacción al mínimo, y ninguna decoración en el dormitorio. Todo cutre de cojones y con una sensación de inseguridad que aumentaba por momentos. Pero bueno, para una noche corta que pasaríamos, hicimos tripas corazón.

Después de hacernos la cama y organizarnos, nos fuimos con los italianos hacia la parada de bus más cercana, para irnos a
Mathew Street: la cuna de
Los Beatles. Tras compartir autobús con un porrón de hinchas del
Liverpool FC que en ese momento salían del estadio de Anfield, nos bajamos en lo que parecía ser el centro. Cuatro miraditas al mapa, y ya estábamos en Mathew Street, viendo todos los pubs y clubs que alegraban la tarde-noche liverpuliana. Porque una cosa tenéis que saber... allí, a las cuatro, YA es de noche. Y el ir de fiesta empieza poco después.
Total, nos hicimos un par de fotos en las fachadas más míticas, y decidimos entrar en
The Cavern Pub. Birra, marcha y música en directo. No podía ser todo más genialísimo. Allí estaban tocando un grupo que nadie sabía cómo se llamaba, pero que era muy grande. Tres hombres entrados en edad tocando buen Rock & Roll, y bien.
Lo que iba a ser echar un vistazo se convirtió en una hora o más de disfrute musical y social. Allí pude observar lo bien que se lo sabían montar los liverpulianos para irse de fiesta y disfrutar de una noche agradable. Gente muy adorable, sin ninguna duda. Mientras que allí disfrutan con música en directo y una buena birra, aquí tenemos Física o Química.

Después del mini concierto tocó ir a algún club, y qué mejor que el hermano mayor del local donde acabábamos de estar:
The Cavern Club. Legendario local donde los haya, su nombre lo dice todo. Una caverna donde poder beber, bailar y pasarlo bien. Estuvimos un par de horas bebiendo y bailando más buena música, y flipando con la peña que empezaba a desfilar. Al salir, flipamos más aún. Llovía a cántaros y hacía un frío que se te metían en los huesos. Pero eh, todas las féminas vestidas únicamente con vestidos cortos, e incluso algún que otro chico con camisa de manga corta o tirantes. Mientras, nosotros con gorro, bufanda, guantes y abrigo. Una estampa cuanto menos graciosa.
Tras casi dos horas de búsqueda de taxis, desistimos de ello y nos fuimos a buscar algún autobús nocturno muy a nuestro pesar, porque a saber la fauna que nos encontraríamos. Al llegar al, errr, ¿hostal?, ¿hostal-apartamento-sin-barrer?, pues nos pusimos a sobar como pudimos en esa cama hecha a base de ladrillos.
Nos esperaba un medio día (porque a las tres nos teníamos que ir ya al aeropuerto) para ver... el resto de la ciudad xD.