Érase una vez un chico llamado Rafalet que ayer por la tarde vio la nueva película de Clint Eastwood, Gran Torino, quedándose muy satisfecho con lo visto, y maravillado por la habilidad del tito Clint por contar historias, y por sacar absolutos peliculones de guiones que en manos de otros, y sobretodo protagonizados por otros, serían medianía pura. Admiraba a ese cabrón de ochenta años de edad.Tras el brillante epílogo de la película, brevísimo, de apenas diez segundos, daban comienzo los créditos finales, con el tema principal de fondo que lleva el mismo nombre que el film. Un tema precioso, melancólico y nostálgico, un retrato musical fascinante de Walt Kowalsky, el personaje de Eastwood en la película. Rafalet entonces se cagó en todo porque recordó, con mucha mala leche, cómo la infinitamente inferior Jai Ho ganaba hace unas semanas el Oscar a la mejor canción original. Rafalet se preguntó que cómo era posible que un temazo como el de Jaime Cullum para Gran Torino, o sin ir más lejos el de Bruce Springsteen para The Wrestler (El Luchador), podían ser descaradamente ignorados por la Academia en esa categoría.
No pudo más y, sin vacilar, cogió sin pedir permiso la escopeta de su padre y, con un Gran Torino imaginario viajó hasta Los Ángeles. Se plantó en la puerta de la sede de la Academia y, apuntando a la recepcionista, preguntó dónde se encontraba el despacho del encargado imaginario de las categorías musicales de los premios. Aquél maldito estaba en la tercera planta, la quinta puerta a la derecha. Allí se fue y se encontró con él, quien tartamudeando preguntó qué demonios estaba haciendo, a lo que Rafalet le contestó que en qué demonios estaba pensando él al saltarse a la torera este año lo de que las nominadas a la mejor canción serían cinco, impidiendo que los temas más arriba mencionados optaran a un premio. El responsable respondió que así era la democracia, y que no podía hacer más, a lo que Rafalet contestó que a tomar por culo la democracia. Y se fue sin más, recitando la letra de Gran Torino sin dejar de fruncir el ceño y sin dejar de apuntar al acojonado responsable académico imaginario.
A la vuelta aprovechó para hacer una visita a los de la Academia española, en cuya recepción no magastó su preciado tiempo, gritando que Los girasoles ciegos era un maldito tostón infumable interpretado por alumnos de primaria y filmado por un daltónico pelando cebollas.
Cuando llegó a casa colgó la crítica de Watchmen y, como si aquél día hubiera formado parte de una agradable rutina, se fue a dormir como un niño pequeño tras haberse comido la leche y las galletas.
JAI HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
ResponderSuprimirJAI HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Jajajajaja! Cómo mola el escrito Rafe xDDDDDDDDDDDDDD
ResponderSuprimirAix, si tu estubieras en el mundiyo de los Oscars, cuantas cosas cambiarían... asik espavilate y hazte guionista de una vez! xD
Habrá que ver Gran Torino ;)
Si pudiéramos rafe...desgraciadamente en hollywood empieza a oler todo a calzoncillo usado....Y por ciertttoooooo!!! Quien dijo de ir a ver Gran Torino y en vez de eso se fue a ver buahhgmen??? Pues eso, pos fale, pos bueno.
ResponderSuprimir''...gritando que Los girasoles ciegos era un maldito tostón infumable interpretado por alumnos de primaria y filmado por un daltónico pelando cebollas.''
ResponderSuprimirJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJA
I love your surrealistic posts.
Por cierto Rafe, para cuando el post red-carpetero? Aún lo esperamos y van pasando los días ... xDDD
ResponderSuprimirMañana Reich, mañana. :D
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