
Si no ya me explicaréis cómo puedo mantener la compostura ante una película donde no pasa absolutamente nada. Bueno sí, al final. Y gracias.
Los desvaríos hormonales y amorosos de los chavales que ocupan el 60% (¡¡el 60%!!) del metraje me importan un bledo. Son aspectos que no tendrían que pasar más allá de la anécdota. El libro no trataba ni sobre los líos que tenía cada uno, ni tampoco sobre Draco Malfoy rodando un videoclip emo sobre lo mal que se siente por la misión que el malote de Voldemort le ha encomendado.
El libro trataba sobre el pasado y sobre Harry y Dumbledore; sobre los conflictos entre una generación de magos y los que la anteceden. La relación entre la vejez y la juventud y viceversa. Y una vez más y subrayado con fuerza y en fosforito: sobre el pasado.
El pasado. El pasado. El pasadooooooooooo. No puede ser que en una película sobre un libro que trata sobre EL PASADO a éste le dediquen un par de secuencias. Un par. De secuencias. Por no hablar del significado del título, que pasa a carecer de sentido alguno porque apenas se dedican un par de líneas al "misterioso" (que de misterio hay más bien poco) príncipe mestizo.
Mucho encuadre bonito, mucho efecto chulo y mucha musiquilla épica para otra película-puente. La literatura es la literatura, y el cine es el cine. Si en la literatura siete libros funcionan, no tienen por qué funcionar siete películas. Y esta saga es un muy buen ejemplo de ello.
Al menos tiene cierta dignidad y no es el horror galopante de Crepúsculo que, ay, se le acerca la hora en este blog. Que la Meyer prepare los kleenex, nenes, porque está a punto de estornudar lo que nunca ha estornudado.
PD: Necesito un corte de pelo.
Los desvaríos hormonales y amorosos de los chavales que ocupan el 60% (¡¡el 60%!!) del metraje me importan un bledo. Son aspectos que no tendrían que pasar más allá de la anécdota. El libro no trataba ni sobre los líos que tenía cada uno, ni tampoco sobre Draco Malfoy rodando un videoclip emo sobre lo mal que se siente por la misión que el malote de Voldemort le ha encomendado.
El libro trataba sobre el pasado y sobre Harry y Dumbledore; sobre los conflictos entre una generación de magos y los que la anteceden. La relación entre la vejez y la juventud y viceversa. Y una vez más y subrayado con fuerza y en fosforito: sobre el pasado.
El pasado. El pasado. El pasadooooooooooo. No puede ser que en una película sobre un libro que trata sobre EL PASADO a éste le dediquen un par de secuencias. Un par. De secuencias. Por no hablar del significado del título, que pasa a carecer de sentido alguno porque apenas se dedican un par de líneas al "misterioso" (que de misterio hay más bien poco) príncipe mestizo.
Mucho encuadre bonito, mucho efecto chulo y mucha musiquilla épica para otra película-puente. La literatura es la literatura, y el cine es el cine. Si en la literatura siete libros funcionan, no tienen por qué funcionar siete películas. Y esta saga es un muy buen ejemplo de ello.
Al menos tiene cierta dignidad y no es el horror galopante de Crepúsculo que, ay, se le acerca la hora en este blog. Que la Meyer prepare los kleenex, nenes, porque está a punto de estornudar lo que nunca ha estornudado.
PD: Necesito un corte de pelo.
9 comentarios:
Recuerda que un blog vive gracias a tus comentarios. :)