
Mañana hará ya una semanita del concierto que la banda británica Muse ofreció en la ciudad condal. Sí sí, queridos medios generalistas: aquél al que vosotros tan bien habéis sabido ignorar. Aquél que fue adelantado tres días por culpa del tenis. Pero, ¿un adelanto no tendría que ser motivo de alegría? No, hijos míos, si tienes que asistir a un concierto de rock alternativo y electrónico a las tantas de la noche y en la quinta leche (Montjuic no me queda precisamente cerca).
En fin. Hacía bastante tiempo que no iba a un concierto de estas características (creo que el último fue el de Beyoncé, cuando aún no había sacado esa mierda llamada I Am… Sasha Fierce), y la verdad es que agradecí que no se convirtiera en el típico en el que hay que hacer carreras y pegar a la gente por hacerse con un hueco digno, teniendo en cuenta que, por motivos que no vienen al caso, cogimos la C-32 con las puertas del Palau Sant Jordi ya abiertas. Todo muy de tranquis, entrando al Palau sin prisas y relajándonos al ver que estaba relativamente vacío, a menos de una hora que empezaran los teloneros: Biffy Clyro, unos descamisaos melenudos que al principio estuvieron bien, pero que luego entraron en una espiral de redundancia que, personalmente, terminé encontrando agotadora.
A las nueve y media, tres edificios muy a lo “torres gemelas” situados en el centro del escenario, se convirtieron en tres mini escenarios donde Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard empezaron a tocar Uprising, el primer tema de su nuevo trabajo, The Resistance, y que nos invitaba a todos a armarnos hasta los dientes y prepararnos para la guerrilla por si el Tribunal Constitucional se zampaba el Estatut (bueno, en realidad no).
A pesar de que se dejaron demasiada miticada (aún suspiro por Take a Bow) en pos de canciones más actuales, Muse se marcó uno de esos espectáculos que dejan huella, alucinando a la grada y a la pista a base de guitarras eléctricas, piano, voz, láseres (como a Cristiano Ronaldo) y un brutal juego de luces. El Sant Jordi siempre será mucho Sant Jordi y todos sabemos el buen sonido que tiene, pero cuando una banda toca así, con ese directo tan contundente, lo único que puede hacer el recinto es dejarse follar.
Como nosotros.
© Foto de pacoruina
En fin. Hacía bastante tiempo que no iba a un concierto de estas características (creo que el último fue el de Beyoncé, cuando aún no había sacado esa mierda llamada I Am… Sasha Fierce), y la verdad es que agradecí que no se convirtiera en el típico en el que hay que hacer carreras y pegar a la gente por hacerse con un hueco digno, teniendo en cuenta que, por motivos que no vienen al caso, cogimos la C-32 con las puertas del Palau Sant Jordi ya abiertas. Todo muy de tranquis, entrando al Palau sin prisas y relajándonos al ver que estaba relativamente vacío, a menos de una hora que empezaran los teloneros: Biffy Clyro, unos descamisaos melenudos que al principio estuvieron bien, pero que luego entraron en una espiral de redundancia que, personalmente, terminé encontrando agotadora.
A las nueve y media, tres edificios muy a lo “torres gemelas” situados en el centro del escenario, se convirtieron en tres mini escenarios donde Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard empezaron a tocar Uprising, el primer tema de su nuevo trabajo, The Resistance, y que nos invitaba a todos a armarnos hasta los dientes y prepararnos para la guerrilla por si el Tribunal Constitucional se zampaba el Estatut (bueno, en realidad no).
A pesar de que se dejaron demasiada miticada (aún suspiro por Take a Bow) en pos de canciones más actuales, Muse se marcó uno de esos espectáculos que dejan huella, alucinando a la grada y a la pista a base de guitarras eléctricas, piano, voz, láseres (como a Cristiano Ronaldo) y un brutal juego de luces. El Sant Jordi siempre será mucho Sant Jordi y todos sabemos el buen sonido que tiene, pero cuando una banda toca así, con ese directo tan contundente, lo único que puede hacer el recinto es dejarse follar.
Como nosotros.
© Foto de pacoruina
Exacto, eso es lo que le hicieron al palau!!
ResponderSuprimirSe dejaron un par de miticadas, pero se les perdona. Yo creo que los siguientes conciertos a los que vaya me van a saber a poco. Me deje la vida saltando xD.
Por cierto en 5 minutos ya empiezan!! jeje :_(
¿Por qué todo ha de ser politizado, hasta un concierto de Muse...?
ResponderSuprimirQueridísimo Anónimo, veo que no conoce usted mi sentido del humor...
ResponderSuprimirNo creo que lo hagan más que sus allegados. De todos modos, la aclaración no está de más nunca, no todos sabemos leer la ironía en internet.
ResponderSuprimirLos que me conocen y me leen desde hace tiempo sabrán que no hablo en serio, más bien en un tono de cachondeo realmente sano.
ResponderSuprimirPero como muy bien has dicho, nunca está de más una aclaración.
Un saludo.
Rafalet malo, Estatut caca.
ResponderSuprimirBueno, no tocaron Take a Bow ni Butterflies and Hurricanes (diría), y aunque a mi gusto, de momento, el nuevo disco no me dice mucho, si tocaron Starlight, Hysteria, Plug in baby, Knights of Cydonia y, sobretodo, Time is Running Out... pues se les perdona.
Lo que no perdono es que me quitaran la oportunidad de ir al concierto por una mierda de ver dos tíos en pantalones cortos tirar y devolverse la pelota como tontos durante horas.