A lo largo de este domingo al que le falta un cuarto de hora para pasar a mejor vida, se han celebrado en 166 municipios catalanes unas consultas populares sobre la independencia de Catalunya.
A estas horas, las previsiones indican que sólo un 30% de los ciudadanos con derecho a voto (a partir de 16 años, inmigrantes incluidos) se han presentado a las urnas para cumplir con su parte. Dos cientos mil votos de setecientos mil posibles. Y el “Sí” ha arrasado.
Si mañana la cifra de votos escrutados sigue reflejando unos resultados igual de mediocres, el “seny” me dice que los organizadores no tienen muchas razones para festejar nada. La brutal abstención habla por sí sola, y dar los resultados como buenos no es más que un despropósito, digno de alguien que prefiere auto engañarse a aceptar la triste realidad: que un 70% de los ciudadanos con derecho a voto han preferido quedarse en casa rascándose la barriga, ir al cine o de compras navideñas, antes que posicionarse sobre un tema que, probablemente, les importará un bledo.
Evidentemente, eso no pasará. Mañana Laporta estará muy feliz porque «el “Sí” se ha impuesto ante el imperialismo español», embriagado por las masas de catalanes independentistas que sí que han ido a votar. Como aquél que va a una manifestación en contra del matrimonio homosexual y, por haber llenado la Plaza de Colón de Madrid, ya piensa que su moral es la dominante y mayoritaria en la sociedad.
Y yo en medio, incapaz de saber diferenciar un español de un catalán, y viceversa. En el fondo, los dos son igual de patéticos.
A estas horas, las previsiones indican que sólo un 30% de los ciudadanos con derecho a voto (a partir de 16 años, inmigrantes incluidos) se han presentado a las urnas para cumplir con su parte. Dos cientos mil votos de setecientos mil posibles. Y el “Sí” ha arrasado.
Si mañana la cifra de votos escrutados sigue reflejando unos resultados igual de mediocres, el “seny” me dice que los organizadores no tienen muchas razones para festejar nada. La brutal abstención habla por sí sola, y dar los resultados como buenos no es más que un despropósito, digno de alguien que prefiere auto engañarse a aceptar la triste realidad: que un 70% de los ciudadanos con derecho a voto han preferido quedarse en casa rascándose la barriga, ir al cine o de compras navideñas, antes que posicionarse sobre un tema que, probablemente, les importará un bledo.
Evidentemente, eso no pasará. Mañana Laporta estará muy feliz porque «el “Sí” se ha impuesto ante el imperialismo español», embriagado por las masas de catalanes independentistas que sí que han ido a votar. Como aquél que va a una manifestación en contra del matrimonio homosexual y, por haber llenado la Plaza de Colón de Madrid, ya piensa que su moral es la dominante y mayoritaria en la sociedad.
Y yo en medio, incapaz de saber diferenciar un español de un catalán, y viceversa. En el fondo, los dos son igual de patéticos.
5 comentarios:
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