
Sí, amigos. Rosario Flores, junto con sus amigos los artistas (¡autores y editores! ¡Propietarios intelectuales!), se muere de hambre. Está famélica. No tiene para comer, ni para un bote de colacao, un paquete de galletas integrales dietéticas o una bolsa de Ruffles onduladas y con sabor a jamón (por aquello de ser tan de la tierra). Se le nota en la mirada, menos penetrante y seductora que antes; en su rostro, cuya carne empieza a esfumarse para dejar libre la relación de amor entre la piel y los huesos de la cara.
Rosario Flores está viviendo un auténtico drama. Chenoa la consuela, desesperada y en la misma situación que ella, mientras aplauden, entusiasmadas y llenas de esperanza por un mañana mejor, en la manifestación por los derechos de los artistas (¡autores y editores! ¡Propietarios intelectuales!). La ex triunfita también nota los efectos de la muerte de la música: sus prominentescartucheras caderas han desaparecido; físicamente es, ahora, una más, fruto de la ausencia de pan sobre la mesa, de la malnutrición y del deambular por las noches en calles desérticas, yendo de container de supermercado en container de supermercado, en la búsqueda de algo fresco que los del Mercadona (LIDL en los días más difíciles) hayan desechado.
Es una desgracia. Una hecatombe. Los días de gloria, fama, dinero y reconocimiento se han esfumado. Y todo por cuatro desgraciados, piratas cibernéticos, animales de carga y negros con mantas. Destructores desalmados que han dejado a los mejores artistas de España desamparados, bajo un puente. Rosario ya se identifica con los niños de África. Ahora sí, sabe lo que se siente, y no como antes, cuando iba a visitarlos y a hacerse fotos con ellos para quedar bien. Se corresponde con ellos.
Debemos reflexionar, queridos lectores, cibernautas, personas. Porque Rosario ya no podrá volver a cantar “Sabor, Sabor” con ese entusiasmo y esa pasión que la convertían en una de las artistas más grandes de la farándula española.
Porque se nos muere. Se nos muere de hambre.
Rosario Flores está viviendo un auténtico drama. Chenoa la consuela, desesperada y en la misma situación que ella, mientras aplauden, entusiasmadas y llenas de esperanza por un mañana mejor, en la manifestación por los derechos de los artistas (¡autores y editores! ¡Propietarios intelectuales!). La ex triunfita también nota los efectos de la muerte de la música: sus prominentes
Es una desgracia. Una hecatombe. Los días de gloria, fama, dinero y reconocimiento se han esfumado. Y todo por cuatro desgraciados, piratas cibernéticos, animales de carga y negros con mantas. Destructores desalmados que han dejado a los mejores artistas de España desamparados, bajo un puente. Rosario ya se identifica con los niños de África. Ahora sí, sabe lo que se siente, y no como antes, cuando iba a visitarlos y a hacerse fotos con ellos para quedar bien. Se corresponde con ellos.
Debemos reflexionar, queridos lectores, cibernautas, personas. Porque Rosario ya no podrá volver a cantar “Sabor, Sabor” con ese entusiasmo y esa pasión que la convertían en una de las artistas más grandes de la farándula española.
Porque se nos muere. Se nos muere de hambre.
6 comentarios:
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