Hola, vecina de arriba, y vecina de abajo.
En realidad, yo no tengo nada en contra de vuestras personas. Nunca he tenido trato con vosotras, y la verdad es que tampoco me interesaría. Simplemente un simple "hola", que no sé ni por qué me molesto, pero bueno, al menos vosotras contestáis, no como otras furcias que las saludas y ni te responden y ni te miran (sin excusa, porque las tienes a metro y medio) y, después, se interesan por tu vida laboral.
La situación es que yo vivo en medio de vosotras, a lo sandwich. Y como diría Julio César: Me tenéis hasta la raja.
Vecina de abajo: Desde que llegaste hace poco he descubierto que las paredes del bloque de piso donde vivimos son de papel de fumar. Chica, oigo cuando bañas al niño y le echas bronca y oigo cuando tú y tu compañero jugáis al twister duodenal. Dios te dio un don, aprovéchalo y saca partido de él... pero lejos de aquí: en el mercado municipal.
Vecina de arriba: En realidad descubrí que las paredes eran de papel con tu hijo, sus gritos y sus sesiones de música hardcore a todo volumen. Esa es una de las razones principales por las que odio a los culochándals y demás fauna, pero ahora el asunto es otro. Chica, no sé quién jugará a la Wii en tu casa, pero se oye absolutamente todo. Sé que os mola la guerra, porque sólo se oyen tiros, gritos y órdenes como si estuviéramos en Vietnam. También sé que os va un poco el cine porque he oído en más de una ocasión, pasadas las once de la noche e incluso las doce, que estábais viendo una peli en el plus. Todo esto está muy bien, pero, querida, baja el puñetero volumen porque si tú eres incívica, yo más, que tengo todo un arsenal de DVD's con un DTS de la hostia capaz de convertir tu piso en el vibrador más grande de Europa.
Se me olvidaba decirte que para estar por casa lo mejor que puede hacer uno es ponerse cómodo. Ya sabes, zapatillas y tal... Y no tacones. El Mapa del Merodeador de Harry Potter es una minucia con mi capacidad auditiva para seguirte en tu casa desde la mía. Fíjate lo que te digo que soy capaz de comprarte unas zapatillas de esas de peluche, subir arriba a tu rellano, llamar, dejarlas ahí e irme. Puede que no captes la indirecta, pero yo me quedaría muy a gusto.
En realidad, yo no tengo nada en contra de vuestras personas. Nunca he tenido trato con vosotras, y la verdad es que tampoco me interesaría. Simplemente un simple "hola", que no sé ni por qué me molesto, pero bueno, al menos vosotras contestáis, no como otras furcias que las saludas y ni te responden y ni te miran (sin excusa, porque las tienes a metro y medio) y, después, se interesan por tu vida laboral.
La situación es que yo vivo en medio de vosotras, a lo sandwich. Y como diría Julio César: Me tenéis hasta la raja.
Vecina de abajo: Desde que llegaste hace poco he descubierto que las paredes del bloque de piso donde vivimos son de papel de fumar. Chica, oigo cuando bañas al niño y le echas bronca y oigo cuando tú y tu compañero jugáis al twister duodenal. Dios te dio un don, aprovéchalo y saca partido de él... pero lejos de aquí: en el mercado municipal.
Vecina de arriba: En realidad descubrí que las paredes eran de papel con tu hijo, sus gritos y sus sesiones de música hardcore a todo volumen. Esa es una de las razones principales por las que odio a los culochándals y demás fauna, pero ahora el asunto es otro. Chica, no sé quién jugará a la Wii en tu casa, pero se oye absolutamente todo. Sé que os mola la guerra, porque sólo se oyen tiros, gritos y órdenes como si estuviéramos en Vietnam. También sé que os va un poco el cine porque he oído en más de una ocasión, pasadas las once de la noche e incluso las doce, que estábais viendo una peli en el plus. Todo esto está muy bien, pero, querida, baja el puñetero volumen porque si tú eres incívica, yo más, que tengo todo un arsenal de DVD's con un DTS de la hostia capaz de convertir tu piso en el vibrador más grande de Europa.
Se me olvidaba decirte que para estar por casa lo mejor que puede hacer uno es ponerse cómodo. Ya sabes, zapatillas y tal... Y no tacones. El Mapa del Merodeador de Harry Potter es una minucia con mi capacidad auditiva para seguirte en tu casa desde la mía. Fíjate lo que te digo que soy capaz de comprarte unas zapatillas de esas de peluche, subir arriba a tu rellano, llamar, dejarlas ahí e irme. Puede que no captes la indirecta, pero yo me quedaría muy a gusto.










