
Los aficionados de la tecnología, y sobretodo los fans de Apple, dos grupos en los que me incluyo, esperaban esta tarde el anuncio del tablet de la compañía de Cuppertino y, supuestamente, otras novedades que en teoría se tenían preparadas. Entre otras cosas, la nueva versión del sistema operativo del iPhone, y la presentación de un nuevo modelo del teléfono que revolucionó la industria hace ya tres años.
Antes de las siete de la tarde, la expectación en Internet era máxima. Twitter sufría colapsos y problemas de rendimiento, al igual que los diferentes sistemas de seguimiento en vivo de la keynote que ofrecían diferentes webs y blogs especializadas. A las siete en punto de la tarde, Steve Jobs, CEO de Apple, salió al escenario y sin tapujos presentó lo que todos esperábamos: El tablet, bajo el desconcertante nombre de iPad. Un gadget en apariencia precioso, como un iPhone de aspecto mejorado, incluyendo su tecnología multi-touch, pero de 9,7 pulgadas de tamaño. Una vez más, Jobs nos dejaba a todos boquiabiertos, babeando ante la imagen y el diseño del iPad, preparando ya la tarjeta de crédito para reservarlo ipso facto.
Lamentablemente, las apariencias nos han engañado. Jobs ha presentado el producto como una máquina revolucionaria e increíble, y lo que nos han presentado del iPad no ha sido ni revolucionario ni increíble. Las palabras de Jobs han resultado ser propaganda de postal y pandereta. Mientras más se explicaba del iPad, más decepcionados nos sentíamos todos los que esperábamos algo que mereciera realmente la pena. Y la bolsa no engañaba: a medida que se presentaban más y más características, las acciones de Apple bajaban hasta un 3%.
Una interfaz calcada a la del iPhone (normal, corre a cargo del mismo sistema operativo…), ligeramente mejorada pero con el mismo tamaño en los iconos de las aplicaciones; software ya visto tanto en Mac como en iPhone; demostraciones de juegos que más que interesar nos han provocado bostezos; la total ausencia de videoconferencia, soporte Flash (!!!!) y, atención, una carencia muy alarmante de multitarea en un dispositivo de estas características.
La guinda del pastel ha venido con los precios y las condiciones de uso. 499 dólares el modelo más barato y sólo con wi-fi. Los modelos de más capacidad de memoria y con 3G (con previo contrato con la operadora telefónica de turno…) alcanzan y superan los 700 dólares… Afortunadamente el cacharro será libre de serie, pero eso no quita la chapuza que se comete con esos precios por un producto tan obsoleto como prescindible.
Porque, sinceramente, si tienes un iPhone y/o un Macbook, ¿para qué serviría un iPad? ¿Más allá de un dispositivo ultra ligero, qué nos aporta como consumidores? Y sobretodo, ¿mejora la experiencia de ocio y trabajo con lo que ya tenemos?
Teniendo tantas alternativas en el mercado, incluso de la propia Apple, yo lo dudo muchísimo.
Esta tarde Apple no sólo ha defraudado con el iPad, sino por su soberbia. Revolucionaron el mercado con el Mac, después con el iPod y luego con el iPhone. Nos han vendido la moto de que con el iPad sucedería lo mismo, que nos presentarían algo revolucionario y nunca visto, cuando es un cacharro simplemente redundante. Para más INRI, ninguna señal de mejora para el sistema operativo del iPhone, ni intenciones de lanzar un nuevo modelo del teléfono, ni tampoco ninguna novedad respecto a los Mac.
Un "epic fail" como una catedral que será muy dificil de olvidar...
Antes de las siete de la tarde, la expectación en Internet era máxima. Twitter sufría colapsos y problemas de rendimiento, al igual que los diferentes sistemas de seguimiento en vivo de la keynote que ofrecían diferentes webs y blogs especializadas. A las siete en punto de la tarde, Steve Jobs, CEO de Apple, salió al escenario y sin tapujos presentó lo que todos esperábamos: El tablet, bajo el desconcertante nombre de iPad. Un gadget en apariencia precioso, como un iPhone de aspecto mejorado, incluyendo su tecnología multi-touch, pero de 9,7 pulgadas de tamaño. Una vez más, Jobs nos dejaba a todos boquiabiertos, babeando ante la imagen y el diseño del iPad, preparando ya la tarjeta de crédito para reservarlo ipso facto.
Lamentablemente, las apariencias nos han engañado. Jobs ha presentado el producto como una máquina revolucionaria e increíble, y lo que nos han presentado del iPad no ha sido ni revolucionario ni increíble. Las palabras de Jobs han resultado ser propaganda de postal y pandereta. Mientras más se explicaba del iPad, más decepcionados nos sentíamos todos los que esperábamos algo que mereciera realmente la pena. Y la bolsa no engañaba: a medida que se presentaban más y más características, las acciones de Apple bajaban hasta un 3%.
Una interfaz calcada a la del iPhone (normal, corre a cargo del mismo sistema operativo…), ligeramente mejorada pero con el mismo tamaño en los iconos de las aplicaciones; software ya visto tanto en Mac como en iPhone; demostraciones de juegos que más que interesar nos han provocado bostezos; la total ausencia de videoconferencia, soporte Flash (!!!!) y, atención, una carencia muy alarmante de multitarea en un dispositivo de estas características.
La guinda del pastel ha venido con los precios y las condiciones de uso. 499 dólares el modelo más barato y sólo con wi-fi. Los modelos de más capacidad de memoria y con 3G (con previo contrato con la operadora telefónica de turno…) alcanzan y superan los 700 dólares… Afortunadamente el cacharro será libre de serie, pero eso no quita la chapuza que se comete con esos precios por un producto tan obsoleto como prescindible.
Porque, sinceramente, si tienes un iPhone y/o un Macbook, ¿para qué serviría un iPad? ¿Más allá de un dispositivo ultra ligero, qué nos aporta como consumidores? Y sobretodo, ¿mejora la experiencia de ocio y trabajo con lo que ya tenemos?
Teniendo tantas alternativas en el mercado, incluso de la propia Apple, yo lo dudo muchísimo.
Esta tarde Apple no sólo ha defraudado con el iPad, sino por su soberbia. Revolucionaron el mercado con el Mac, después con el iPod y luego con el iPhone. Nos han vendido la moto de que con el iPad sucedería lo mismo, que nos presentarían algo revolucionario y nunca visto, cuando es un cacharro simplemente redundante. Para más INRI, ninguna señal de mejora para el sistema operativo del iPhone, ni intenciones de lanzar un nuevo modelo del teléfono, ni tampoco ninguna novedad respecto a los Mac.
Un "epic fail" como una catedral que será muy dificil de olvidar...







