Casi un mes después de empezar con la bici, todo va on the road (que no sé si esta expresión sirve para estos casos, pero en fin). Mi peso corporal va bailando jotas aragonesas como le da la gana semana sí semana no, pero como ya me han dicho es algo muy normal. Estoy teniendo paciencia y ganas, y de momento ya estoy notando resultados en mi propio cuerpo que no sé ni cómo describir. ¿Menos molla? ¿Estar un poco más a gustico con uno mismo? Ni idea, pero la gente ya me dice que me ve más delgado, y eso que sigo teniendo una panza enorme, unos jamones anchos como una pelota de baloncesto y apenas puedo hacer flexiones.
Antes de salir hoy, sobre las cinco, me he probado una camiseta de tirantes negra así muy sexy bitch, talla L (creo), y que tengo de cuando tenía once ó doce años, y ver cómo cabía por la muy mínima (porque aún me va estrecha) no ha hecho más que darme más ganas y ánimos para seguir avanzando. También pasa a la inversa: unos tejanos que me compré hace unos meses y que me venían más o menos normales, ya me van más anchos que otra cosa; y el cinturón que tengo necesita otro agujero adicional que aún tengo que hacerle, porque los pantalones, literalmente, se me caen.
Y así me va la vida. No todo es de color de rosa porque me estoy cargando los pedales de la bici (necesito recambios urgentemente) y cada vez que salgo mis muñecas transfieren toda la discografía de Gloria Trevi en forma de dolor, pero bueno, es ir tirando.
Lo cierto es que había empezado a escribir esta entrada con mis queridos vecinos en mente, porque antes, volviendo, me he encontrado con el enésimo coche aparcado en un paso de cebra, obstruyendo totalmente la rampa que hay allí para casos como el mío. Estas cosas tocan mucho los cojones, pero ey, puedo resignarme y bajar el pequeño escalón que hay con la bici o a pata, pero, ¿y las personas que van en silla de ruedas? ¿Y si hay una emergencia y necesitan transportar a alguien en camilla hasta la ambulancia? ¿Tienen que dar la santa vuelta hasta la próxima rampa?
A cagar a la playa, hombre. Gente tan desconsiderada se merece que le roben el coche los de la ETA y que éstos a su vez lo usen para petarlo en cualquier descampado en un atentado frustrado. Y lo peor es que suelen ser los mismos (las mismas, en realidad) de siempre…
Antes de salir hoy, sobre las cinco, me he probado una camiseta de tirantes negra así muy sexy bitch, talla L (creo), y que tengo de cuando tenía once ó doce años, y ver cómo cabía por la muy mínima (porque aún me va estrecha) no ha hecho más que darme más ganas y ánimos para seguir avanzando. También pasa a la inversa: unos tejanos que me compré hace unos meses y que me venían más o menos normales, ya me van más anchos que otra cosa; y el cinturón que tengo necesita otro agujero adicional que aún tengo que hacerle, porque los pantalones, literalmente, se me caen.
Y así me va la vida. No todo es de color de rosa porque me estoy cargando los pedales de la bici (necesito recambios urgentemente) y cada vez que salgo mis muñecas transfieren toda la discografía de Gloria Trevi en forma de dolor, pero bueno, es ir tirando.
Lo cierto es que había empezado a escribir esta entrada con mis queridos vecinos en mente, porque antes, volviendo, me he encontrado con el enésimo coche aparcado en un paso de cebra, obstruyendo totalmente la rampa que hay allí para casos como el mío. Estas cosas tocan mucho los cojones, pero ey, puedo resignarme y bajar el pequeño escalón que hay con la bici o a pata, pero, ¿y las personas que van en silla de ruedas? ¿Y si hay una emergencia y necesitan transportar a alguien en camilla hasta la ambulancia? ¿Tienen que dar la santa vuelta hasta la próxima rampa?
A cagar a la playa, hombre. Gente tan desconsiderada se merece que le roben el coche los de la ETA y que éstos a su vez lo usen para petarlo en cualquier descampado en un atentado frustrado. Y lo peor es que suelen ser los mismos (las mismas, en realidad) de siempre…


