martes, 31 de agosto de 2010

El Día del Blog, lo llaman

Hoy voy yo y me entero de que es el Día del Blog. Tras seis años de andadura en la blogosfera, es hoy cuando me he percatado de que existe un día dedicado a nuestros rincones en la red (claro que, ahora con las redes sociales, deberíamos hablar de “uno de nuestros rincones” más que sólo uno). Según leo, la tradición indica que tengo que citar cinco blogs que me gusten. Lo cierto es que no tengo ganas de hacerlo, que para eso tengo un blogroll bien bonito abajo a la derecha, con todos mis blogs favoritos (o casi todos, que después de una mudanza casi siempre nos dejamos algo por el camino).

Casualmente, hoy ha cesado su actividad bloggera mi amigo @DiegoIX, que hasta hace bien poco escribía Vida y obra de nos. Respeto su decisión aunque me sepa realmente mal que decida dejar de actualizar. Como muy bien sabréis, yo también pasé una etapa similar, en la que me debatí internamente entre dejar Crónicas en un hiatus indefinido o simplemente cerrarlo. Tengo la esperanza de que @DiegoIX retome su veterana bitácora algún día, cuando la inspiración bloggera vuelva a él, tarde o temprano, como en el primer día… pese a que los servicios de microblogging como Twitter representen una gran amenaza para los blogs tradicionales.

Un abrazo compañero, y espero que al menos sigas actualizando Camino Ilimitado, si no me equivoco el único blog español dedicado desde el corazón y la experiencia al Mugendo, el arte marcial que ambos practicamos.

En lo que a un servidor respecta, esta semana he bajado 600 grametes y ya estoy al borde de dejar los cien kilos de peso en la estacada. No es una batalla nada fácil y sé que aún me costará lo mío bajarlo, pero no me rendiré por nada del mundo. Pero lo importante no es el peso que vaya cogiendo o dejando de coger (al fin y al cabo también estoy desarrollando músculo), puesto que cada semana que pasa me voy sintiendo mejor conmigo mismo. Hace unos meses me parecería algo inimaginable el ducharme en los vestuarios del gimnasio, acompañado de otras personas; sin embargo, lo he empezado a hacer y cada vez me importa menos: pese a que aún me falta mucho camino por recorrer, estoy perdiendo pudor y complejos a pasos agigantados, sintiéndome como si acabara de salir del cascarón, como el primer día de instituto de un entusiasmado adolescente.

En fin, que mañana se me terminan las vacaciones. Mañana vuelvo a la rutina, podréis encontrarme de nuevo en Cinefilo.es, y espero poder mantener el equilibrio entre ello y Crónicas a pleno rendimiento. Y la semana que viene ya empiezo las clases… Parece mentira que lo diga, pero ya empezaba a echar de menos un poco de vida normal. Rutina, trabajo y estudios, pero sin pasarse, que tampoco es necesario quemarse a tres meses de las navidades.

viernes, 27 de agosto de 2010

Snap Case de Incase para iPhone 4


Tras pasar un par de horitas en la piscina, y comprobar que hace un calor tan horrible que me entran ganas de mudarme al norte de Europa, veo con ilusión al llegar a casa que me ha llegado por fin la funda que Apple me regala por haber comprado el iPhone 4.

Se trata de la Snap Case en color neutro de Incase, una carcasa de plástico rígido que cubre tanto el marco trasero del terminal (a excepción de un pequeño hueco para la cámara y el flash LED), como los dos laterales, donde se encuentran los controles de audio. La funda deja totalmente al descubierto los bordes inferior y superior del iPhone, donde están ubicados los speakers, la toma del dock, el botón de encendido/apagado/reposo, y la clavija para conectar los auriculares.

domingo, 22 de agosto de 2010

No “GaGa-namos” para sustos


Antes de contaros esta historia, os daré unos segundos para los aplausos y las risas histéricas después del ingenioso y divertidísimo título que se me ha ocurrido para esta entrada. Yo mismo no me explico la chispa que tengo, de veras. Las felicitaciones, las botellas de cava, los ramos de rosas y las proposiciones sexuales, por favor, en privado. Gracias.

And now, something completely different.

El pasado 6 de mayo se pusieron a la venta las entradas para el concierto que Lady Gaga, mi ama y señora, ofrecerá en el Palau Sant Jordi de Barcelona, el próximo 7 de diciembre. Como es obvio y como buen little monster, compré las entradas nada más salir a la venta. Fue un proceso complicado, ya que la web que ofrecía la pre-venta se colgaba constantemente, así que no había forma humana ni divina de comprar las entradas, y el tiempo apremiaba… Al final, y tras insistir como un condenado, conseguí hacerme con ellas, en la grada que quería y en las butacas que quería, no sin antes traficar con mis órganos vitales para poder pagar por las dichosas localidades. Una barbaridad de precios, pero con tal de poder ir al concierto, lo que fuera. No me lo quería perder por nada del mundo.

Ese mismo mes era el cumpleaños de mi hermana mayor Carmen, concretamente el día 21. Una de las cuatro entradas que pillé era para ella, así que pensé que qué mejor detalle que regalársela para su cumpleaños. Como lo consideré un regalo muy especial, no me limité a envolver la entrada con papel de regalo o en un simple sobre, así que el día 20 (si no recuerdo mal) fui en busca de una caja del tamaño de la entrada, y unos pétalos perfumados con que rellenarla. La idea era dar una impresión falsa sobre el regalo, que no se notase absolutamente nada que era la entrada y, al mismo tiempo, que fuera algo especial. Y así fue, mi hermana abrió la caja y, en esos instantes únicos, fue la chica más feliz sobre la faz de la Tierra. Comimos perdices y fuimos felices… hasta unas semanas después.

El drama se desencadenó cuando mi hermana se encontró la entrada, la típica amarilla del ServiCaixa, con toda la tinta de vacaciones. Al parecer no abrió la caja desde el día de su cumpleaños, así que la falta de oxígeno y los pétalos perfumados evaporaron literalmente gran parte de la tinta de una entrada que costó prácticamente cien euros. Sollozos, ataques de ansiedad, desesperación, llamadas a los Mossos e intentos de suicidio. Si la mismísima Lady Gaga se hubiera imaginado aquello, habría venido en persona para hacer reaparecer la tinta por arte de magia con su disco stick, y ya para aprovechar el viaje, fulminar toda la escoria de mi barrio con una simple mirada de desaprobación y tener sexo salvaje conmigo.

Ante semejante panorama y falta de sexo desenfrenado, era más que obvio y de sentido común que mi deber residía en tranquilizar a mi hermana y decirle que todo saldría bien, que lo solucionaríamos, pese al contagio de pesimismo extremo en ocasiones muy puntuales. En nuestras cabecitas llovían las ideas sobre el qué hacer en esa situación tan inusual, desde el llamar a La Caixa hasta presentarse en las puertas del Palau Sant Jordi el día del concierto, con la entrada sin tinta y confiando en que el personal estuviera recién follado y de buen humor.

Al final la cordura triunfó en el mundo y Zapatero dimitió, pero eso es otra historia. Lo que hicimos fue presentarnos en las oficinas que La Caixa tiene en las ramblas de Gavà. John Locke, la Isla, Jacob, Yoda, Jesucristo y el Destino quisieron que nos atendiera la cajera más feliz que nos hemos encontrado nunca jamás. Vestida muy formal, con su coleta de alumna de primaria y su actitud de no haber sido corrompida por nada ni nadie en su puta vida, nos atendió con todo el gusto del mundo, como si cada mirada nuestra fuera un halago para ella, un chute de autoestima que hiciera que hablase como si tuviera un vibrador en lo más profundo de su ser las veinticuatro horas del día. Parecía no conocer el hambre, la muerte y las miserias del mundo y no tener remordimientos por ello.

Le comentamos el tema con todo lujo de detalles. Fuimos asquerosamente sinceros.
"Sí, err, compramos esta entrada y la metimos en una caja llena de pétalos perfumados, y parece que la tinta se ha evaporado…"
La chica, siempre sonriendo, le restó importancia y calificó el affaire como algo muy gracioso. Nos dijo que no había ningún problema, siempre y cuando tuviéramos a mano el DNI del comprador (servidor). Afortunadamente, aún quedaba algo de tinta en la entrada como para comprobar ciertos dígitos que fueron de mucha utilidad. Tras dejarle el DNI, la chica hizo un par de llamadas para realizar unas comprobaciones de rigor, y mandó una fotocopia de mi carné de identidad y de la entrada por FAX.

No hizo falta nada más para conseguir un duplicado de una entrada para el concierto de Lady Gaga en Barcelona y que costó más o menos cien euros. Con una sonrisa de oreja a oreja, como si considerase nuestro problema algo personal, nos dijo que nos pasásemos durante la última semana de junio o la primera de julio, para recoger nuestro duplicado, el cual nos entregaría ella misma en persona.

Y así fue. Tras unos días de incertidumbre y sin saber qué hacer, observar que la solución era así de fácil nos llenó de satisfacción y alegría. A mí se me quitó un peso de encima por saber que no perdí cien euros por culpa de unos pétalos perfumados hambrientos de tinta barata, y las ganas de mi hermana de ir al concierto de la Gaga si no se triplicaron es que son ganas que le de pam pam en el culete.

Aprendimos una gran lección: Hacer caso omiso de las indicaciones que La Caixa hace detrás de las entradas del ServiCaixa (donde te dicen claramente que es tu responsabilidad el cuidar bien la entrada, y que el que te la cambien por otra es algo prácticamente improbable), y que la posibilidad de conservar un documento así de importante dentro de una caja con pétalos perfumados era algo a descartar de por vida. Por nuestra salud mental y económica, y porque una noche única que recordaremos toda nuestra vida estaría en juego. Y eso es algo que no nos podemos permitir.

viernes, 20 de agosto de 2010

Encontrada perrita en Gavà: Se busca familia


El pasado 9 de Agosto, la familia de mi amiga Aletshe se encontró con esta perrita abandonada, en la zona próxima del centro comercial especializado en jardinería, animales de compañía y decoración Jardiland, de Gavà (Barcelona).

No tiene microchip localizador, y necesita encontrar un hogar cuanto antes, ya que desgraciadamente ninguno de nosotros podemos ocuparnos de ella. Es una perrita muy tranquila, un poco asustadiza, pero muy, muy buena, amigable y sociable. Nosotros la llamamos cariñosamente Golfita.


Debido a la urgencia del caso, he decidido publicarlo aquí en el blog. Por Facebook no hemos obtenido resultados, así que os agradecería que me ayudarais a encontrarle una familia en los alrededores de Barcelona, dispuesta a encargarse de ella y a darle todo el cariño y el afecto que necesita.

Por favor, cualquier interesado que se ponga en contacto conmigo mediante Twitter, Facebook o al siguiente correo electrónico:


Es la segunda perrita que la familia de Aletshe rescata este año, y esta vez no nos gustaría recurrir a una perrera municipal. Ya sabemos lo que ocurre allí con los pobres animales cuando nadie los quiere…

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ayer vi Kickboxer, la del Van Damme


Y me pareció una puta mierda.

Yo ya era consciente de que no vería una de Truffaut o de Kubrick, que vería una película ciertamente mala, pero con encanto, por hechos tan sumamente estúpidos como haberse rodado y estrenado en la década de los ochenta, siendo capaz de reconocer ella misma su propia naturaleza (en el caso de que las películas llegasen a hablar ellas mismas y no gracias a sus directores)… algo así como Rocky III. Al fin y al cabo se pueden hacer películas de fostias muy dignas (mira Danny The Dog).

Pero no. Oye, que aquello empezó y, dejando a un lado el hecho de que el doblaje era más malo que darle un morreo a Belén Esteban y tuitearlo, yo ya supe en la primera secuencia cómo se desarrollaría la historia y cómo terminaría. Lo ponen muy fácil, con el Van Damme haciendo de mozo de su propio hermano, un luchador de kick boxing con el mismo ego que el tamaño de sus pectorales, y que proclama a bombo y platillo que nadie le derrotará jamás, porque es el mejor.

Es lo primero que pasa, un chinorris malo le deja paralítico y su hermano, el Van Damme, jura vengarse. Las películas de venganza tienen ese hándicap, que ya sabes cómo van a terminar incluso en el primer acto, porque el prota conseguirá entrenarse con un chinorris bueno (los que siempre tienen cara de buenos y visten de blanco) para hacerse el más fuertote del whole world, y derrotar así al chinorris malo (los que siempre tienen cara de malos y visten de negro, de rojo o se parecen a Tao Pai Pai) que dejó en una silla de ruedas a su hermano.

El ser una película previsible no tendría que ser ningún problema si, al menos, me propones algo interesante en el medio (mira Rocky II). En cambio, si me propones una versión extendida de un sketch de El Informal, pues pasa lo que acaba pasando: que la película me parezca una puta mierda, pese a ciertos puntos que me han parecido curiosos, por aquello de estar practicando artes marciales.

Pero bueno, son cosas que tienes que hacer una vez en la vida: tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol, y ver una película mala de Van Damme, a riesgo de arrepentirse de ello en nuestro propio lecho de muerte.

martes, 17 de agosto de 2010

Scott Pilgrim contra las chapuzas editoriales


Scott Pilgrim y un servidor estamos muy enfadados. No tenemos suficiente con lidiar con el tener que aniquilar a ex novios malvados allá por donde nos persigan (eso Scott), y cometer infanticidio y masacres varias en la convención anual de niños hijos de la gran puta revienta-mosquiteras de la Plaza Arzobispo Modrego de Viladecans (eso yo), sino que además tenemos que aguantar timadas que nos hinchan mucho esos huevines que procuramos conservar para mayor gloria de nuestros progenitores, deseosos de tener nietos cuanto antes, mejor.

Eso de ilusionarse y engancharse a un cómic por primera vez en, qué sé yo, año y medio, está muy bien. Oyes hablar de un proyecto que te atrae en el acto y, de repente, quieres saberlo y leértelo todo antes de que salga la adaptación cinematográfica de turno. Pero hay un detalle que se me escapó bastante a la hora de ir a la Fnac que me caía más cerca y dirigirme a la sección de cómics: el precio, ese condenado, vil y cruel archi enemigo, cuyo ego se ha visto engrandecido en exceso por culpa del gobierno socialista de Zapatero y su maldito incremento del IVA. Coger un ejemplar de Scott Pilgrim y leer en el reverso que cuesta 8.50€ casi me provoca cáncer de colon. Más de mil cuatrocientas pesetas por un cómic de unas doscientas páginas me parece una pasada, pero en fin, pasé por el aro y que me sodomizasen lo que rima con la palabra anterior para poder leerlo.

Cuál fue mi sorpresa al llegar la hora de leerlo en casa, tumbadito en la cama y dispuesto a pasar un buen rato, cuando abro el tomo y se caen cinco páginas, acompañadas por mi moral y mis testículos.

La edición española de Scott Pilgrim, editada por Debols!llo, me pareció muy decente a simple (y a primera) vista. Buena impresión y, por fin, nada de funditas molestas para las cubiertas (llamadme gruncio) como en los manga. Pero me parece una cabronada tener que pagar 8.50€ por un cómic de páginas encoladas que se despegan nada más tocarlas y, luego, hay que tratar el tomo como si fuera una Santa Bíblia del siglo VI d.C. Páginas encoladas. Tios, no es serio. Es como comprarse un BMW y, yo qué sé, que al tocar el claxon suene el Waka Waka.

Así que esta es mi típica entrada de queja de niño pequeño. Porque luego miro tomos manga de Glénat con sus páginas bien puestecitas y te cobran un euro menos (creo, porque hace la tira que no los compro). Pues no, señores de Debols!llo, yo no vuelvo a caer.

Aunque todo el mundo sabe que, en cuanto tenga un tomo delante, lo acabe comprando aunque vaya perdiendo páginas por el camino, sólo por lo terriblemente consumista que puedo llegar a ser. Qué quieres que te diga, son cosas que tiene Occidente.

lunes, 16 de agosto de 2010

El principio de una nueva era

2010 está siendo un año decisivo para mi vida. Cuando en la pasada Nochevieja bebía, bailaba y reía con familia y amigos, aún no se había producido ese punto de inflexión que perforó mi interior, llegando hacia lo más profundo de mi ser y rompiendo con ciertos aspectos de lo peor que residía de mí. Esa mañana, al ver el abismo y cansado de la vida que llevaba, dije basta y, por primera vez en mis veintitrés años de vida, logré obtener la suficiente e inquebrantable fuerza de voluntad como para empezar a recorrer el camino del cambio que tanto necesitaba.

Ha pasado prácticamente medio año desde entonces, y cada vez me siento mejor conmigo mismo. Mientras escribo estas líneas, he perdido más de dieciocho kilos (una brutalidad para mi cuerpo y mente, teniendo en cuenta que siempre he sido un individuo obeso) y unos cuantos malos hábitos que requerían ser extirpados como cualquier cáncer. En cuestión de muy poco tiempo, reorganicé mi lista de prioridades del día a día y, entre otras muchas cosas, dejé de lado una de las más preciadas.

Desde que el insomnio me condujo en aquella madrugada de noviembre de hace ya seis largos años a abrir este blog, que siempre ha estado presente en mi vida. Este rincón que tengo en la red lo ha sido todo para mí, le he dedicado horas, días en su mantenimiento, tanto en su diseño como en la ardua tarea de escribir entradas prácticamente cada día, procurando de forma indispensable el tratar temas que me interesasen tanto a mí como a mis cada vez más cuantiosos (y valiosos) visitantes, lectores y amigos.

Sin embargo, le dejé de lado. Aquél chico que se podía permitir el lujo de vender y regalar tiempo libre a destajo, cesó de ser tan afortunado; se convirtió en un joven adulto con responsabilidades, trabajo, estudios y un cuerpo que cuidar. Todas esas tardes sentado frente al ordenador y navegando por la red hasta bien entrada la noche se extinguieron para siempre, puesto que no había nada más perjudicial para la salud de uno mismo. Al erradicar ese mal hábito, y engancharme irremediablemente a las redes sociales (todo sea dicho), le di una estocada a esta bitácora que jamás me perdonaré, entrando en una espiral de desgana sin salida, que dio como resultado el cese de las actualizaciones.

Es por ello que este mes de agosto me he propuesto enmendar mi error. Consideré muy seriamente la posibilidad de cerrar el blog (los que me seguís en Twitter lo sabréis), pero terminé por optar por dejarlo en un hiatus indefinido. Hoy decido que ya está bien. Me debo a mí mismo, y también a todos los que me siguen desde el principio, el seguir con esta aventura. Porque iría en contra de mi propia naturaleza el dejarla de lado, y porque una vez me propuse no caer en la “desgracia” de convertirme en un blogger caído. Si he sido y estoy siendo capaz de cambiarme a mí mismo, también seré capaz de reconducir este blog, rediseñarlo de pies a cabeza, apostando por una imagen mucho más sencilla y sin tantos artificios.

Hoy renace este lugar como reflejo del Rafalet en el que me estoy convirtiendo. He cambiado, física y mentalmente, pero el camino sigue y aún queda un largo trecho por recorrer. Y quiero que Crónicas Ibéricas esté a mi lado.

Sed bienvenidos. Una vez más.