Esto es como el sexo. A mí cuando una canción me pilla fuerte, me pilla bien fuerte. Si me pilla aquí, aquí me matará.
Me pasó con
Bad Romance de
Lady Gaga (cuyo excelente videoclip arrasó con todo merecimiento en los
MTV Video Music Awards que se entregaron ayer en Los Angeles), y me está pasando con
Only Girl (In The World) de
Rihanna, el single que sirve como tarjeta de presentación para su nuevo disco. Mi iTunes puede dar fe de ello. Si
Bad Romance ya lleva más de 200 reproducciones,
Only Girl lleva su mismo camino, con más de 30 reproducciones en apenas una semanita.
No sé qué es lo que tienen, que me vuelven loquito. I mean, a mí
Rihanna siempre me ha caído mal y me ha parecido una petarda insoportable. De hecho me lo sigue pareciendo. Apenas me gustan tres canciones contadas de ella, y su segundo disco hizo que cogiera sueño de tal forma que en mi obituario tendrían que escribir "Murió cristianamente al conciliar el sueño escuchando el segundo disco de
Rihanna y, como consecuencia, se abrió la cabeza al comerse el borde del escritorio,
American History X style".
(Un segundo, que he escrito "ubituario" en lugar de obituario, y me ha entrado la risa tonta. Ya. Corregido).
Pero es lo que pasa con estas divorras. Un día te aburren y te dan asco y al otro te sacan un pedazo de hit y las adoras, o simplemente adoras su nuevo single pero sigues odiándolas.
Y siempre, siempre me ha pasado lo mismo: escucho la canción por primera vez y no me gusta. Me pasó con Bad Romance y me pasó con Only Girl. A la segunda dije "Uhm, esto tiene su qué". A la tercera ya me véis subido al escritorio dándolo todo como si fuera el fin de semana, sintiendo la canción (o el conjunto de ritmos con letra tonta que quiere creer que es una canción) sin caer en la cuenta de que mi escritorio y mi Mac están de cara a la ventana, la cual a su vez no sólo no tiene cortinas, sino que da a una plazoleta considerablemente grande que siempre está llena de críos, amas de casa y amas de casa tontas del bote cuyo órgano reproductor sólo sirve para ser reposado en sillas de plástico de color verde y con motivos publicitarios de Heineken.
Afortunadamente, pusimos cortinas este -terrible, horroroso y olvidable- fin de semana, así que problema resuelto: puedo bailar sin que me sienta observado, aunque reconozco que tenía su aquél.
Que me enrollo. La canción me mola. Me mola mil. Y no paro de escucharla. Y cuando salga el videoclip probablemente también me guste aunque sea una mierda bien gorda. Porque a veces estas cosas pasan. Pero oye, mientras disfrute...
PD: Iba a linkar la canción con un vídeo a YouTube o algo así, pero casi todo lo borran al momento, así que buscaros la vida. Con cariño. Love you!!