Tenía ganas de escribir sobre este tema. Para los que no estéis al tanto del tema, os pondré al día: Érase una vez un señor llamado
Ángel Sala, director del célebre
Festival Internacional de Cine de Sitges en el que anualmente se puede ver una selección de cine de fantástico y de terror. En la pasada edición del festival, Ángel programó la proyección de la polémica película de
Srdjan Spasojevic,
A Serbian Film, thriller que se caracteriza sobretodo por sus duras y explicitas escenas de violencia
snuff, violaciones, necrofilia, incesto y pederastia; secuencias que, todo sea dicho, están representadas en un contexto muy especifico dentro de la película (lo que no quita que el espectador se puede cuestionar perfectamente y en todo momento la repugnante gratuidad de algunas de ellas).
Pues bien, siguiendo el hilo de los acontecimientos y copypasteando a la
Wikipedia, resulta que debido a algunas de las escenas de la película, la
Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil pidió el rechazo y condena por parte del festival de cualquier
manifestación de violencia contra niños, niñas y adolescentes y el uso
de imágenes con contenido violento y agresivo contra los mismos, la retirada de los
enlaces de la película de su página web así como el compromiso de no
volver a incluir en su programación, sea en la sección oficial o fuera
de concurso, películas o material audiovisual en las que se presenten
imágenes explícitas de violencia, tortura o abuso sexual contra niños,
niñas y adolescentes.
La
Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos exigió más tarde la retirada de la película de la
Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti y pido al
Ministerio de Cultura
que dicha película no pudiera ser incluida en el circuito comercial
nacional, a no ser que se eliminasen las imágenes más duras, pues expuso
que son escenas que van en contra de diversos acuerdos y leyes
nacionales. El juzgado de instrucción nº 4 de San Sebastián
prohibió
cautelarmente los pases en la Semana de Cine de Donosti previstos para
la madrugada del 4 al 5 de Noviembre a las 00:30 h. y la madrugada del 5 al
6 de Noviembre a la misma hora. No obstante, la película sería premiada por el público de dicho festival por convertirse sin ser proyectada en símbolo
de la libertad de expresión. Dos días después, el
Festival de Cine de Terror de Molins de Rei canceló su pase prevista para la madrugada del 6 al 7 de noviembre debido a, ojito,
presiones institucionales.
La consecuencia más mediática de todo este follón ha sido una denuncia hacia
Ángel Sala, citado más arriba, que ha sido imputado por un juzgado de Vilanova i la Geltrú por un delito de
exhibición de pornografía infantil, penado en el artículo 189.7 del Código Penal.
Yo he tenido la oportunidad, por calificarlo de alguna manera, de ver
A Serbian Film hace unos días. Que surjan polémicas así es lo que tiene, que creas publicidad gratuita hacia una obra sin quererlo ni beberlo. Sí, la película es muy fuerte y muy desagradable, desde luego sólo apta para públicos muy selectos capaces de soportar lo que
Spasojevic considera un muy cuestionable retrato de la enferma sociedad serbia en la actualidad. El ejemplo más fuerte que puedo dar para describir la brutalidad de la película es la violación de un bebé recién nacido por parte de un actor porno hiper musculado y seguramente recién salido de prisión.
Aquí sin duda entramos en un terreno muy peligroso y delicado. La secuencia que he dado como ejemplo está rodada de una forma específica para que no sea considerada, por ejemplo, pornografía infantil. A pesar de lo terriblemente dura que resulta toda ella, en ningún momento es explicita excepto por los planos de la madre del bebé que acaba de dar a luz desnuda –y que para más inri parece excitarle la situación–. Hablando alto y claro, no vemos penetración ni otros detalles específicos. Simplemente, el trasero desnudo de un gorila sujetando un muñeco animatrónico que simula ser un bebé. Además, está dentro de un contexto: El villano le muestra al protagonista, un famoso actor porno ya retirado al que le ofrecen una oportunidad multimillonaria, la clase de Nuevo Porno (sic) que quiere que protagonice. El protagonista, como el espectador, no aguanta la escena y en el momento en que abandona la habitación donde se proyecta semejante abominación, el director corta la secuencia.
Esa premisa (el Nuevo Porno) sirve como excusa a
Spasojevic para presentar unos personajes y unas situaciones que llevarán al límite a quien se atreva a ver
A Serbian Film (que serán pocos). Lo brutal y desagradable de su naturaleza es innegable, al igual que la actitud previsible y moralista de ciertos círculos. Pero, ¿no es preocupante que un poder competente del Estado se meta en medio? ¿Se están atreviendo a cruzar una línea límite a la libertad de expresión?
Otra secuencia dura: Al protagonista lo llevan a una sala donde le espera un cuerpo desnudo con la cabeza cubierta y tumbado boca abajo en una cama de matrimonio. En apariencia parece una chica joven –es probable que lo sea para rodar la secuencia–. Solo podemos verle la espalda y el trasero. Los
villanos ordenan al protagonista que empiece el acto. Lo hace. Cuando queda poco para que llegue al clímax, el cabecilla descubre la cabeza del sujeto, que resulta ser un crío drogado que no llegará a los nueve años. Efectivamente, en la historia de la película se presencia pornografía infantil. Pero, ¿estamos haciéndolo nosotros, teniendo en cuenta que en ningún momento presenciamos al adulto y al crío consumando en un mismo plano? La respuesta es no: estamos ante una obra de ficción absoluta, pero la
magia del montaje cinematográfico convierte una sucesión de planos aislados en una secuencia desagradable donde un adulto abusa de un menor, y que es algo que ha pasado muchas veces en la historia del cine.
A Serbian Film es una mierda de película. No tiene demasiado sentido, sus secuencias más duras son difíciles de soportar y resultan de lo más gratuitas por mucho que diga el director. ¿Pero eso nos da el derecho de censurarla y prohibirla? ¿Hemos de permitir que nos digan que hasta aquí termina nuestro derecho a expresarnos libremente? ¿Nos perderíamos
La Naranja Mecánica de
Stanley Kubrick –caracterizada por sus secuencias de ultra violencia– si se estrenase en nuestros días? Como reza el titular de un artículo en el diario
El País:
Es horrible, no criminal. Es cierto que existen límites legales, pero estoy seguro que la película no sobrepasa ninguno de ellos y que el juzgado de turno ni tan siquiera la ha visto –no puede encontrarse de forma legal en nuestro país, tenemos que hacer llorar a la señorita
Ángeles González-Sinde (cuyo
Ministerio de Cultura también prohibió
Saw VI, calificándola como X) para hacerlo; y si queremos verla en festivales, no podemos porque nos la han prohibido–. Pero lo más flagrante de todo es tener que ver cómo
Ángel Sala, director de uno de los mejores festivales de cine que tiene nuestro país, escritor, guionista y crítico de cine, sea imputado como un pederasta cualquiera por exhibir pornografía infantil.
Claro que sí hombre.
PD: Películas que nos perderíamos aplicando los mismos criterios de
decencia y
buen gusto de la censura neo moralista hacia
A Serbian Film:
El silencio de los corderos,
Funny Games de
Michael Haneke,
El último tango en París,
Lolita de
Stanley Kubrick, la francesa
Irréversible y
Átame de
Pedro Almodóvar.