Justo un mes después de escribir y publicar esta entrada, estamos en las mismas. Finalmente no fui a la Fnac donde compré mi iPad 2 para devolverlo, sino que llamé directamente a Apple, consciente de que probablemente devolver el cacharro para recuperar el dinero invertido se convertiría en una odisea interminable (al ser productos registrados con tus datos personales).
Lo que no me imaginaba es que llamar por teléfono también iba a ser otra odisea. Estuve casi una hora al teléfono para solicitar una unidad de sustitución, que no me acabaría llegando hasta más de dos semanas después, y por petición expresa por correo electrónico con la chica del servicio técnico que me atendió. Y llegó otro palo por parte de la manzanita, al ver que el iPad de sustitución que me enviaron tenía más o menos el mismo problema que el que compré físicamente: fugas de luz, esta vez mucho más pequeñas y casi imperceptibles, pero fugas de luz al fin y al cabo.
Tuve el cacharro toda la Semana Santa porque no me quedaba otra. El miércoles pasado, la tragedia: el iPad empezó a congelarse sin previo aviso, sin responder a la pantalla táctil ni a los botones de home y sleep. Solo podía reiniciar el dispositivo presionando dichos botones durante menos de diez segundos. Por Twitter me recomendaron restaurarlo en iTunes, pero no funcionó, seguía congelándose y reiniciándose porque sí, así que el problema debería ser estrictamente de hardware. El cartel luminoso de aplausos que tiene el público imaginario de esta sitcom que tengo por vida empezó a parpadear, y mientras la gente reía y aplaudía los gags, yo me volvía a poner en contacto con la chica de Apple de la otra vez, con un correo electrónico de cuatro párrafos kilométricos exponiendo mi caso y cagándome en la Virgen expresando mi descontento y frustración como consumidor.
No obtuve respuesta hasta esta misma tarde, cuando se han disculpado enormemente por los inconvenientes que me están causando –me he gastado casi 600 euros por un cacharro de mierda que no he usado ni dos semanas, si llega–, y que solo con el problema que menciono sobre las fugas de luz, por muy pequeñas que sean, me volverán a enviar otra unidad de reemplazo. Total, de nuevo a esperar a que venga un mensajero para que se lleve este segundo iPad, y otras no sé cuántas semanas para que me llegue un tercero.
¿Sabéis qué es lo que más me fastidia? Que ya no tengo ninguna ilusión ni ganas de utilizar el puto iPad. Le he cogido manía. Y aunque tuviera ganas de tenerlo, mi confianza con Apple ya no está donde estaba hace tres o cuatro meses. Ya no me fío, ya no estaré tranquilo si me llega un iPad nuevo e impoluto sin fugas de luz, porque quién sabe si en cualquier momento se puede quedar congelado e inservible como un puto portátil con Windows 98. Así que no sé qué leches haré. De momento, leerme todos los libros que tengo pendientes y a seguir esperando. Total, no me queda otra...




