Que nos dice Barack Obama, el Presidente de los Estados Unidos de Michael Bay América, muy serio él en una comparecencia extraordinaria de ambiente peliculero y honorable altamente sospechoso, que sus marines de Invasión a la Tierra han capturado y asesinado a Osama Bin Laden. Sí hombre, ya sabéis, el supervillano mundial más buscado de la última década, el líder de Al Qaeda, el que manda poner bombas en trenes, metros y autobuses; el que estampa aviones en edificios para matar a cuantos más infieles, mejor.
Que dice Obama que se lo han cargado en una operación en Pakistán, y que al fin se ha hecho justicia. Que nos dice que es justicia, por todos aquellos que han muerto a manos del terrorismo fundamentalista islámico radical. Y que God bless America, claro. Porque Dios está a nuestro lado, o a su lado, o al lado de los terroristas, que ellos eso de que Dios es grande también lo dicen y lo chillan, pero no llevan corbata ni poseen grandes despachos, ni tampoco son elegidos en elecciones presidenciales.
Que según todos los medios, el cadáver de Bin Laden ha sido sepultado en el mar "siguiendo preceptos islámicos". Sin más. Que en un mundo esclavo de la era de la información, la ciudadanía tendrá que confiar ciegamente en su gobierno héroe y salvador, en lugar de esperar una prueba realmente contundente de la muerte del terrorista.
No me gusta nada todo esto, empezando por las reacciones de los Estados Unidos del Far West y su relativa visión de la justicia; por la extrema rapidez de los hechos, pasando por la operación hasta el "entierro" de Bin Laden en el mar, como cuando uno está barriendo y esconde la mierda debajo de la alfombra; pero sobretodo porque, a día de hoy, a esa Hidra llamada terrorismo le crecerán el doble de cabezas de las que tenía antes. Veo con incredulidad una fotografía de un neoyorquino portando una pancarta que reza "Peace at last". Paz al fin. Disculpe usted pero, si en realidad Obama ha matado a Osama, hoy el mundo ha empezado a ser un lugar menos seguro que ayer.
