
Me he pasado la última semana viendo la primera temporada de Juego de Tronos ahí en plan on fire. Reconozco que he tenido muy poca personalidad al respecto, puesto que yo no tenía ningún tipo de interés en esta adaptación hasta que por Twitter leía alaridos de placer por cómo la serie te iba dejando con el culo torcido en cada capítulo. Me dije que joder, si estaba tan bien no veía por qué perdérmela y además así podía hablar con los demás y no sentirme excluido ni inadaptado ni nada de eso.
Como era de esperar teniendo en cuenta que la serie la ha parido la HBO, la calidad de Juego de Tronos está por encima de la media. Soy muy fan de la televisión por cable norteamericana, y las series de esta cadena son un buen ejemplo del por qué, al gozar de una seriedad y libertad creativa que otras producciones simplemente no tienen.
Si bien es cierto que la serie no me enganchó verdaderamente hasta la mitad de la temporada (de tan sólo diez capítulos) por culpa de un ritmo exageradamente lento, los factores que me hacían seguir viéndola hasta el momento en el que caes en las garras de la adicción no han sido otros que:
1. La normalización del género fantástico
Si hay algo que me gusta mucho de las películas o series de fantasía es que estén libres de complejos. El género está plagado de obras que tienen la absurda necesidad de subrayar hasta la náusea todos los correspondientes clichés y características a temor de no ser aceptadas. ¿Por qué volcar todos tus esfuerzos en un envoltorio que todos conocemos y no en su contenido? En Juego de Tronos, como ya ocurría en cierta medida en Lost, dejan a un lado todos los artificios y se centran casi en exclusiva en la historia y su desarrollo. Si esto fuera como consecuencia de una limitación en el presupuesto, ahí ya no me meteré...
2. Los personajes
Lo mejor de la serie con amplísima diferencia, y prácticamente todo su sustento a falta de un argumento sin demasiada chicha que roer. Dejando a un lado si son poco o muy fieles a las novelas (un aspecto que me importa un huevo y parte del otro), los personajes de Juego de Tronos abarcan todo el espectro de necesidades de una narración dinámica y extensa como la de esta serie. Son como una sinfonía precisa que se anticipa en todos sus movimientos y cumple tus expectativas. Un reparto perfecto (excepto un Sean Bean no demasiado inspirado) del que destaca un actor que, pese a su tamaño, llena la pantalla en cada aparición: Peter Dinklage como Tyrion Lannister.
Para todo lo demás, ponga aquí su rima fácil perteneciente al típico consejo publicitario. Quizá podrían darle algo de vidilla en el trasfondo en lugar de limitarse a narrar acontecimientos porque sí, y también podrían ponerse las pilas con esa anodina banda sonora que no está a la altura en momentos cumbre. Pero esos dos puntos que he destacado, junto a los cliffhangers, las interesantes tramas de poder pseudo medieval y la siempre cojonuda factura de la HBO, me parecen aspectos lo suficientemente destacables como para darle una oportunidad a la serie.
