Anoche viví una de las experiencias cinematográficas más estimulantes que recuerdo. Asistí a mi primer sesión de Phenomena Experience, un evento organizado por el cineasta Nacho Cerdà en el que se proyectan películas de las décadas de los 70, 80 y 90 en sesiones exclusivas cada cierto tiempo. El escenario ideal no podía ser otro que el mítico cine Urgel de Barcelona, de más de 1800 localidades, y cuya enorme y elegante pantalla custodiada por los típicos telones de cine de aquella época, nos brindaron por primera vez en mucho tiempo las proyecciones en sesión doble de Indiana Jones y la Última Cruzada y Jungla de Cristal, respectivamente.
La experiencia siempre empieza, pasadas las ocho de la tarde, con una breve introducción del propio Cerdà, quien nos recuerda micrófono en mano que lo que vamos a ver serán copias en 35 mm. y en versión original subtitulada de las películas programadas. La proyección no es nada del otro jueves y tienen ciertas imperfecciones, pero es lo mejor que se puede encontrar en dicho formato actualmente, e incluso añaden cierto aire grindhouse al evento. Entre película y película, un merecido descanso de veinticinco minutos (o más) en el cual la gente aprovecha acertadamente para ir al baño, o bien para recuperar provisiones en bebidas, palomitas y chucherías. Algunos incluso se van, en el caso de que no les interese la segunda película a proyectar.
Como amante del cine la propuesta sobrepasó todas mis expectativas. El hecho de ver por primera vez aquellas películas clásicas en 35 mm. no significaba nada comparado con lo que supone en sí el evento. Disfrutar en la gran pantalla del espectáculo de un tipo de cine que ya no se hace es algo complementario, al lado de la recuperación de una sensación que hacía tiempo que no experimentaba. Ir al cine se ha vuelto un acto rutinario y normal, cuya magia, en casos muy excepcionales, se ha desvanecido por completo.
Ayer volví a sentir aquella magia, la esencia de lo que significaba ir al cine cuando era un renacuajo: desde el acogedor hall ya retro del Urgel, pasando por la apertura del telón que descubre su impresionante pantalla, conservando la ya perdida costumbre de dotar de cierto misterio al cine; hasta la sintonía de Movierecord, los anuncios y tráilers antiguos, y sobre todo por un ambiente magnífico y un público absolutamente entregado a lo que está viendo proyectado. Cuando los personajes más memorables de esas dos películas (como los propios Harrison Ford y Bruce Willis, pero también Sean Connery, John Rhys-Davies, River Phoenix, Bonnie Bedelia, Reginald VelJohnson y el único e inimitable Alan Rickman) hacían acto de aparición, o decían sus frases más míticas, la platea irrumpía en aplausos repletos de entusiasmo, nostalgia y respeto.
Ayer volví a sentir aquella magia, la esencia de lo que significaba ir al cine cuando era un renacuajo: desde el acogedor hall ya retro del Urgel, pasando por la apertura del telón que descubre su impresionante pantalla, conservando la ya perdida costumbre de dotar de cierto misterio al cine; hasta la sintonía de Movierecord, los anuncios y tráilers antiguos, y sobre todo por un ambiente magnífico y un público absolutamente entregado a lo que está viendo proyectado. Cuando los personajes más memorables de esas dos películas (como los propios Harrison Ford y Bruce Willis, pero también Sean Connery, John Rhys-Davies, River Phoenix, Bonnie Bedelia, Reginald VelJohnson y el único e inimitable Alan Rickman) hacían acto de aparición, o decían sus frases más míticas, la platea irrumpía en aplausos repletos de entusiasmo, nostalgia y respeto.
A la salida no podía estar más entusiasmado. Me lo había pasado tan en grande que, si puedo, repetiré la próxima sesión, programada para el próximo viernes 16 de diciembre con la proyección de Tiburón y Alien, el octavo pasajero. Si vivís en Barcelona y os gusta el cine, os animo a que consigáis entradas y disfrutéis de un ambiente y de una experiencia incomparables. Os aseguro que no os arrepentiréis.

