domingo, 27 de noviembre de 2011

Mi primer Phenomena Experience: Indiana Jones y la Última Cruzada + Jungla de Cristal


Anoche viví una de las experiencias cinematográficas más estimulantes que recuerdo. Asistí a mi primer sesión de Phenomena Experience, un evento organizado por el cineasta Nacho Cerdà en el que se proyectan películas de las décadas de los 70, 80 y 90 en sesiones exclusivas cada cierto tiempo. El escenario ideal no podía ser otro que el mítico cine Urgel de Barcelona, de más de 1800 localidades, y cuya enorme y elegante pantalla custodiada por los típicos telones de cine de aquella época, nos brindaron por primera vez en mucho tiempo las proyecciones en sesión doble de Indiana Jones y la Última Cruzada y Jungla de Cristal, respectivamente.

La experiencia siempre empieza, pasadas las ocho de la tarde, con una breve introducción del propio Cerdà, quien nos recuerda micrófono en mano que lo que vamos a ver serán copias en 35 mm. y en versión original subtitulada de las películas programadas. La proyección no es nada del otro jueves y tienen ciertas imperfecciones, pero es lo mejor que se puede encontrar en dicho formato actualmente, e incluso añaden cierto aire grindhouse al evento. Entre película y película, un merecido descanso de veinticinco minutos (o más) en el cual la gente aprovecha acertadamente para ir al baño, o bien para recuperar provisiones en bebidas, palomitas y chucherías. Algunos incluso se van, en el caso de que no les interese la segunda película a proyectar.

Como amante del cine la propuesta sobrepasó todas mis expectativas. El hecho de ver por primera vez aquellas películas clásicas en 35 mm. no significaba nada comparado con lo que supone en sí el evento. Disfrutar en la gran pantalla del espectáculo de un tipo de cine que ya no se hace es algo complementario, al lado de la recuperación de una sensación que hacía tiempo que no experimentaba. Ir al cine se ha vuelto un acto rutinario y normal, cuya magia, en casos muy excepcionales, se ha desvanecido por completo.

Ayer volví a sentir aquella magia, la esencia de lo que significaba ir al cine cuando era un renacuajo: desde el acogedor hall ya retro del Urgel, pasando por la apertura del telón que descubre su impresionante pantalla, conservando la ya perdida costumbre de dotar de cierto misterio al cine; hasta la sintonía de Movierecord, los anuncios y tráilers antiguos, y sobre todo por un ambiente magnífico y un público absolutamente entregado a lo que está viendo proyectado. Cuando los personajes más memorables de esas dos películas (como los propios Harrison Ford y Bruce Willis, pero también Sean Connery, John Rhys-Davies, River Phoenix, Bonnie Bedelia, Reginald VelJohnson y el único e inimitable Alan Rickman) hacían acto de aparición, o decían sus frases más míticas, la platea irrumpía en aplausos repletos de entusiasmo, nostalgia y respeto.


A la salida no podía estar más entusiasmado. Me lo había pasado tan en grande que, si puedo, repetiré la próxima sesión, programada para el próximo viernes 16 de diciembre con la proyección de Tiburón y Alien, el octavo pasajero. Si vivís en Barcelona y os gusta el cine, os animo a que consigáis entradas y disfrutéis de un ambiente y de una experiencia incomparables. Os aseguro que no os arrepentiréis.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Carta abierta a los abstencionistas quejicas

Queridos ciudadanos abstencionistas:

Este 20 de noviembre de 2011, elecciones generales españolas, está a punto de terminar, y a estas alturas de la noche ya está más que claro que el nuevo presidente del gobierno español no será otro que Mariano Rajoy, tras arrasar en las urnas y alcanzar una mayoría absoluta que supone el mejor dato de la historia del Partido Popular.

Soy consciente de que vuestros motivos para absteneros a la hora de ejercer vuestro derecho a voto son muchos, pero no soy capaz de entender la actitud de un sector abstencionista en concreto: Esas personas que no van a votar, que no se interesan por la política en ningún momento, pero que en la hora de la verdad, ¡pum!, el chip les cambia y el interés es máximo, sobre todo si hablamos de una victoria del PP. De repente hablan, opinan, debaten.

Eso, chicos, a estas alturas, no sirve de nada. Es papel mojado. Palabras vacuas que no van a ninguna parte. Si de verdad os importara este país, si de verdad os importara una victoria tan mayoritaria como la de Rajoy, deberíais de haber hecho algo al respecto. Dejar a un lado una actitud que no conduce a ningún sitio, y haber ido a ejercer un derecho por el que nuestros abuelos antaño tanto añoraron.

Vuestro principal argumento es que no votáis porque no sirve para nada, porque siempre saldrán los mismos de siempre y que para qué mover el culo hasta el colegio electoral y perder diez minutos (un drama, vamos) de vuestras vidas. Podéis tener una parte de razón, puesto que la Ley Electoral actual es tan discutible como caduca e injusta. Pero dicho argumento es una arma de doble filo que afecta a todo el conjunto de los españoles. Si al menos tres cuartas partes de ese 32,06% de electorado que se ha quedado en casa se hubiera molestado en ir a votar, a lo mejor en estos momentos estaríamos hablando de otros resultados en las elecciones parlamentarias de nuestro país. Quizá no muy diferente, pero sí lo suficiente como para detener la mayoría absoluta del PP que algunos tanto estáis echando por tierra sin haberos molestado en ir a votar, o incluso para combatir el asqueroso bipartidismo que invade las instituciones de España desde hace ya tantos años.

Quejaos, sacad espuma y bilis por la boca y todo lo que queráis. Pero os habéis quedado en casa, inconscientes de que cada voto suma y que esa suma es lo que más necesita una democracia para ser realmente una democracia. Pensadlo bien, sobre todo aquellas personas que se vanaglorian de que pasan totalmente de la política. Después, cuando toque pagar impuestos u os coarten ciertos derechos, no os quejéis, simplemente reflexionad.

sábado, 19 de noviembre de 2011

París: Quatrième Volume


Hace un mes así mi hermana se volvió loca del pussy y me propuso de hacer un viaje a París. A mí como esa ciudad me tiene loco no lo siguiente, pues acepté sin dudarlo e inconsciente de que mi situación económica, óptima lo que se dice óptima, ni lo estaba ni lo sigue estando.

Pero eh, carpe diem.

Así que con cuatro duros y alguna que otra deuda, el próximo 1 de diciembre volveré a encontrarme por cuarta vez con esa ciudad en la que tanto me gusta perderme. Espero que mi hermana y su novio sepan aguantar mi trote y mis ganas de ver calles, calles y más calles de una ciudad en la que siempre descubres algo nuevo. En mis anteriores visitas ya vi todo lo que tenía que ver (la torre Eiffel, el Louvre, el Arco del Triunfo... lo típico), así que en esta ocasión aprovecharé la re-visita para tirar unas cuantas fotos que estén bien chulas (pese a que mi cámara esté pocha y deje manchas en las fotos que luego tocará borrar en el ordenador). La novedad es que es probable que vea más París de noche (a partir de las cinco de las tarde ya anochece) o incluso nevada y adornada de Navidad.

Que la Navidad me la sopla y ya estoy un poco harto de ella, pero coño, no me diréis que no será bonito de ver. Y ver Disneyland con lucecitas también, ains.

Como es probable que no tenga Wi-Fi ni en el hotel ni en ningún sitio, dad por escritas entradas diarias en el blog, que así lo revitalizo un poco que falta le hace. ;)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Han pasado siete años

En el instante en el que se ha publicado esta entrada, este blog situado en un lugar remoto de la blogosfera ha cumplido siete años de existencia. Muchas cosas han cambiado durante los últimos siete años, desde aquél mensaje inaugural del 18 de noviembre de 2004, y que escribí cuando tenía tan solo diecisiete inviernos en una noche de insomnio. Una historia que muchos ya conoceréis. Hoy tengo veinticuatro años y sigo teniendo insomnio ocasional, pero he cambiado tanto o más que este blog a lo largo de su historia, cambios que quiera o no se han ido viendo reflejados aquí: de hábitos, de aficiones, de manera de pensar, de físico...

Si tengo que ser sincero, el acordarme hace dos noches del séptimo aniversario de Crónicas Ibéricas me hizo sentir más nostálgico que alegre, recordando lo que una vez fue este blog en sus tiempos mozos, cuando un servidor gozaba de mucho más tiempo libre que ahora. Más visitas, más comentarios, más entradas... El éxito no le hace a uno mejor, pero se respiraba mucha vida por aquí. Entro ahora y me siento como si visitara el pueblo de mi infancia, aquél lugar donde pasaba mis mejores años, pero en el que no llegaré a disfrutar tanto como antaño por las obligaciones y la falta de tiempo que la edad adulta acarrea. Sentimientos contradictorios que me hacen sentir de una forma un tanto extraña y que se ven reflejados en la falta de actualizaciones y temas de los que hablar, como si el hecho de dedicarme a escribir de forma diaria me hubiera quemado de una forma u otra a la hora de escribir y mantener una bitácora personal veterana.

Sea lo que sea, un aniversario siempre es motivo de celebración, por mucha nostalgia que le embriague uno. Así que chinchín, y esperemos que vengan tiempos mejores.