lunes, 8 de octubre de 2012

Lady Gaga, The Born This Way Ball Tour: Pop y heavy metal hacen el amor en el Palau Sant Jordi

Sábado pasado, 6 de octubre, año 2012. Lady Gaga volvía a Barcelona con su nuevo tour, The Born This Way Ball, finalizando en la Ciudad Condal su gira por gran parte de Europa. Y servidor, por supuesto, no podía perdérselo. Mis cuatro horas de batalla contra el servidor web petado no lo siguiente de LiveNation junto a Alba para hacerme con unas entradas lo atestiguan.

El esfuerzo y la espera merecieron la pena. La diva neoyorquina comenzaba su show con un montaje espectacular: Una fortaleza aparecía en el escenario tras retirarse el telón, mientras un vistoso juego de luces –al ritmo de los primeros compases de Highway Unicorn– introducía a un Palau Sant Jordi abarrotado a un mundo de fantasía pseudo espacial con reminiscencias de Alien, el octavo pasajero. El mundo de la Gaga emperatriz de "una nueva raza en la raza humana" (sic). Allí salía ella, escoltada por soldados portadores de esperpénticas metralletas y banderas y estandartes, a lomos de un unicornio negro metalizado perfectamente simulado (algunos medios presuntamente serios llegaron a creerse y a escribir y denunciar en sus artículos posteriores que se trataba de un equino real, algo que me arrebata cualquier tipo de comentario…). La cantante no mostró su rostro hasta la celebración del tema Born This Way, y digo celebración puesto que el Sant Jordi lo dio (lo dimos) todo con la canción emblema de la gira y de una etapa que ya está más que cerrada.

Allí se terminaba con cualquier resquicio de hilo argumental, tan presente en su anterior The Monster Ball. A partir de entonces, el pop le hacía el amor al heavy metal ochentero de forma constante, en un espectáculo indiscutible en el que Lady Gaga repasaba no solo los mejores temas de su tercer disco, sino los grandes éxitos –que no son pocos– de una carrera que ya dura cuatro años. Quizá se notara más la prefabricación del show que en su anterior gira de conciertos, y pese a que hace tiempo que no logra un número uno en las listas principales, Gaga volvió a demostrar su condición de superestrella entre coreografías constantes ejecutadas con precisión y baladas interpretadas al piano sin perder ni un atisbo de voz. Al concierto, sin embargo, le faltó un clímax final a la altura de semejante despliegue. No fue culpa del orden de las canciones en el repertorio, que muy bien pudiera, sino de una indisposición de la cantante que, pese a vomitar en el escenario sin que prácticamente nadie se diera cuenta, siguió cantando y bailando para su público.

Visiblemente indispuesta, Lady Gaga puso punto y final al espectáculo con la inspiradora Marry the Night, dejando su nuevo tema al piano (Princess Die, su peculiar homenaje a Diana de Gales) y el subir a algunos admiradores españoles al escenario junto a ella como tareas pendientes en nuestro país. El resultado global fue notable, pero necesita mejorar. O mejor dicho, descansar. Queda el ¿consuelo? de que la etapa Born This Way, la más excéntrica, personal y difícil de comprender hasta el momento para algunos, ya está finiquitada. Su cuarto disco, ARTPOP, está de camino y, con él, casi con total probabilidad, lo mejor que Gaga puede llegar a ofrecernos. Te esperamos (y necesitamos) impacientes.

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