martes, 23 de abril de 2013
[Flickr] Sant Jordi 2013
Pese a que estaba trabajando, no pude evitar salir a fotografiar esta tarde. Sant Jordi es uno de mis días preferidos del año, así que le pedí permiso a mi madre para salir menos de 1 hora de la tienda y respirar el ambiente del centro de Gavà y hacer unas pocas fotos. Aquí tenéis los resultados :)
lunes, 22 de abril de 2013
[Flickr] Falla Gavà 2013
Fuegos artificiales y cremà de la falla de Gavà (Barcelona) del año 2013. Son los primeros fuegos artificiales que fotografío en condiciones, en manual y con trípode, así que si alguien ve las fotos, sed compasivos xDDD.
miércoles, 10 de abril de 2013
Idas de olla a medianoche mientras me hace efecto un relajante
Yo siempre he intentado ser la mejor persona posible (acusaciones de falsa modestia en la sección de comentarios que Rafa nunca leerá, gracias), ser justo con todo el mundo, ponerme en el lugar de los demás. De hecho mi empatía llega a veces hasta límites que nunca os imaginaríais. No sé, es mi naturaleza. A veces creo que es una virtud, y otras, una putada. Porque en ocasiones la gente se espera que te posiciones y un servidor no es capaz porque, donde alguien ve solo blanco y negro, yo veo una gran escala de grises entre medio. Algo odioso. Si es que debería ser cura, coño, aunque por suerte o por desgracia no cumplo con todos los requisitos: mi mente rechaza la idea de Dios, lo del celibato no lo llevo muy bien y, pues mira, lo de tocar pililas a los críos tampoco, claro.
Pero a veces aparecen unas personas de por medio que ponen a prueba toda esa maldita bondad. Mi conciencia se divide entonces en dos entes jugando a tensar la cuerda. La parte buena tiene mucha fuerza y aguanta con seguridad, pero la parte mala no se da por vencida y amenaza con un tirón contundente. Y eso me da miedo, porque no sé de lo que podría ser capaz de hacer ni en qué tipo de persona me convertiría.
La verdad, espero que esa cuerda resista lo suficiente.
Pero a veces aparecen unas personas de por medio que ponen a prueba toda esa maldita bondad. Mi conciencia se divide entonces en dos entes jugando a tensar la cuerda. La parte buena tiene mucha fuerza y aguanta con seguridad, pero la parte mala no se da por vencida y amenaza con un tirón contundente. Y eso me da miedo, porque no sé de lo que podría ser capaz de hacer ni en qué tipo de persona me convertiría.
La verdad, espero que esa cuerda resista lo suficiente.
viernes, 5 de abril de 2013
Viladecans se queda sin cines (II)
Este mediodía me he quedado helado al ver cómo en las noticias de TV3 (la televisión autonómica catalana) han dedicado más de un minuto y medio al cierre, ayer, de los Lauren Viladecans, hecho que supuso mi vuelta (temporal o no) al blog.
Dado el éxito de mi anterior entrada, he creído oportuno compartir con todos los interesados el reportaje, en el que además salen muchas caras conocidas de los que éramos habituales de los cines.
Dado el éxito de mi anterior entrada, he creído oportuno compartir con todos los interesados el reportaje, en el que además salen muchas caras conocidas de los que éramos habituales de los cines.
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jueves, 4 de abril de 2013
Viladecans se queda sin cines
Hoy es un día muy triste. Quizá yo no esté del todo triste, ni tenga ganas de llorar o algo así por el estilo. Ya tengo una edad y hay determinadas situaciones en esta vida que uno ya ha aprendido a sobrellevar. Es posible que con quince años ahora estuviera hecho un poema, pero con veintiséis, pues mira no.
Hoy en Viladecans nos quedamos sin cines. Más de doce años después de su inauguración, el complejo de diez multisalas de Lauren cierra sus puertas de forma definitiva. Al menos bajo ese sello. Esta crisis que vivimos, junto a la subida cultural del IVA al 21%, han sido letales y la empresa ha decidido echar abajo la persiana y a la calle todos los trabajadores. Una puta mierda tan grande como la cara de Bárcenas.
Aún recuerdo, de camino al instituto, cómo vi crecer su construcción. Se rumoreaba que, treinta años después, nuestra ciudad volvería a tener unos cines. Cuando se coronó el edificio más alto con el mítico rótulo azul de Lauren Viladecans, un Rafa de trece o catorce años se puso hecho un manojo de nervios. Durante toda mi existencia tenía que emigrar a la ciudad de al lado para ir al cine, algo que a los viladecanenses nos va a volver tocar a hacer, al menos los pocos que tenemos cierta cultura y preferimos ver el cine como Dios manda.
Iba a decir "dinero" en lugar de cultura, pero todos los cines que quedan en el Baix Llobregat (a saber: Splau, Cinesa Barnasud, Filmax Gran Via 2, Filmax Ànec Blau…) se llenan cada fin de semana. Y teniendo en cuenta que los Lauren eran de los más baratos de todos ellos, no logro comprender nada.
En fin. Para el recuerdo quedan ya estos doce años y cuatro meses en los que ha estado abierto Lauren Viladecans, unos cines en los que yo prácticamente me he criado. Han sido los cines de mi adolescencia y el principio de mi edad adulta. Allí vi en las dos espectaculares salas grandes (que a día de hoy siguen o seguían siendo técnicamente de lo mejor) la trilogía de El Señor de los Anillos, vi el final de la trilogía de precuelas de La Guerra de las Galaxias, descubrí a los Piratas del Caribe, me encandilé con El protegido, lloré con Inteligencia artificial, descubrí Hoghwarts, bailé con Moulin Rouge y Chicago, inicié con mi hermana la tradición de ver los estrenos de Almodóvar con Volver, seguí con entusiasmo las aventuras vengativas de La Novia, busqué a Nemo, luché junto a 300 espartanos y perseguí al Caballero Oscuro...
Me hubiera gustado seguir descubriendo más historias, más buen cine, e incluso seguir llevándome grandes chascos. Pero otros han decidido por mí de que no va a poder ser.
Ayer me despedí de ellos en una última sesión. Vimos Jack el Caza Gigantes. Pero la película era lo de menos. Fui dispuesto a disfrutar cada momento de esa sala grande con sonido atronador (en el buen sentido) y una calidad de imagen nada que envidiar a la digital. Antes esperamos en la cafetería, donde solo habían cuatro o cinco personas más en pleno día del espectador. Al comprar las palomitas, la dependienta que me había atendido durante todos esos doce años entabló conversación. Siempre teníamos pequeñas charlas sin importancia, pero ayer fue algo más, por lo que vi en sus ojos llorosos. Hablamos de estos doce años, de los grandes estrenos y de las grandes colas, de días como los del euro por entrada... anécdotas relacionadas con los cines, en definitiva. De una veintena de empleados, solo quedaban ella y cinco personas más. Seis (o siete, contando el proyeccionista) personas para llevar un complejo de diez salas. En su mayoría personas con más de cincuenta años y con hijos que mantener. Y que ahora se van a la calle.
Eso es, en el fondo, lo que más me jode de todo.
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lunes, 15 de octubre de 2012
Este soy yo siendo sobornado para que escriba una crítica positiva de Skyfall
Nada, si es que llevar una página sobre cine como Cinéfilo, tiene inevitablemente sus cosas buenas.
Hace unos días, Heineken España se ponía en contacto conmigo desde Twitter, pidiéndome mis datos y dirección postal. Hoy un mensajero me ha traído un maletín en cuyo interior encuentro unos "informes secretos" con una "misión urgente" que tengo que emprender: asistir a un acto promocional de Skyfall, la nueva película de James Bond que organiza la marca cervecera en Madrid.
Como por cuestiones personales y económicas no podré ir, pues me quedo con la agradable sorpresa que ha supuesto encontrarme una botella de un litro de cerveza edición limitada conmemorando el estreno del nuevo 007, además de dos vasos y un puerto USB en forma de maletín. También adjuntan un fichero al más puro estilo James Bond donde se describe "mi misión" con sumo detalle como si un servidor fuera un agente secreto. Toda una joya de coleccionistas, vaya.
¡Muchas gracias Heineken España! :D
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jueves, 11 de octubre de 2012
Tanto monta…
Ayer el ministro (de Educación, Cultura y Deporte) José Ignacio Wert dejó claro en el Congreso de los Diputados que "su interés" es "españolizar a los alumnos catalanes." Que "se sientan tan orgullosos de ser catalanes como de ser españoles."
¡Ah! Es que se acerca el 12 de octubre, sí, ya sabéis, el Día de la Hispanidad. Celebramos el descubrimiento de América, importante hecho histórico que ya de paso significó el genocidio de toda una civilización, pero bueno. Claro que aquí en Cataluña celebramos una derrota bélica, así en plan sadomasoquista, algo que me corrobora que somos un país muy especial. Esquizofrénico, pero especial.
Pero sí, el ministro Wert quiere "españolizar" a los niños catalanes, como si en ciencias sociales nos adoctrinaran a todos hasta el punto de que nos pinchen y, en lugar de sangre, broten cuatro chorros de fluido rojo. Yo solo conozco votantes de Esquerra Republicana de Catalunya, y nadie sigue a "la Roja" tampoco, dónde vamos a ir a parar.
Sin duda, ayer y hoy serán días de celebración para nacionalistas e independentistas catalanes. Estos, cuando están inspirados, sueltan que Cataluña es una colonia española y se quedan tan anchos. Wert, en un alarde de inteligencia desmedida, da de comer y engorda esos argumentos. Si es que ya lo estoy viendo, en los Onces de Septiembre del futuro, dentro de doscientos o trescientos años: Los líderes de una Cataluña independiente dejando ofrendas florales bajo las estatuas de Rafael Casanova y de José Ignacio Wert, el mayor fomentador del independentismo catalán desde Joel Joan.
Lo que se le parece olvidar al ministro, y ya de paso a una clase política en una decadencia tan delirante como aterradora, es que Cataluña no es ninguna colonia española. Y aunque no haya sido su intención darlo a entender con tan desacertada elección de palabras, no es necesario, ni mucho menos tratar a los catalanes como indígenas a evangelizar la españolidad única y suprema. Si existen catalanes que no se sienten españoles (que los hay), o simplemente existen personas que no piensan como él (que los hay), su deber es aceptarlo. Su deber como demócrata. Coño, faltaría más. Porque todo esto no es necesario, ¿verdad? Porque estamos en una democracia y el ministro Wert es un demócrata, ¿VERDAD?
¡Ah! Es que se acerca el 12 de octubre, sí, ya sabéis, el Día de la Hispanidad. Celebramos el descubrimiento de América, importante hecho histórico que ya de paso significó el genocidio de toda una civilización, pero bueno. Claro que aquí en Cataluña celebramos una derrota bélica, así en plan sadomasoquista, algo que me corrobora que somos un país muy especial. Esquizofrénico, pero especial.
Pero sí, el ministro Wert quiere "españolizar" a los niños catalanes, como si en ciencias sociales nos adoctrinaran a todos hasta el punto de que nos pinchen y, en lugar de sangre, broten cuatro chorros de fluido rojo. Yo solo conozco votantes de Esquerra Republicana de Catalunya, y nadie sigue a "la Roja" tampoco, dónde vamos a ir a parar.
Sin duda, ayer y hoy serán días de celebración para nacionalistas e independentistas catalanes. Estos, cuando están inspirados, sueltan que Cataluña es una colonia española y se quedan tan anchos. Wert, en un alarde de inteligencia desmedida, da de comer y engorda esos argumentos. Si es que ya lo estoy viendo, en los Onces de Septiembre del futuro, dentro de doscientos o trescientos años: Los líderes de una Cataluña independiente dejando ofrendas florales bajo las estatuas de Rafael Casanova y de José Ignacio Wert, el mayor fomentador del independentismo catalán desde Joel Joan.
Lo que se le parece olvidar al ministro, y ya de paso a una clase política en una decadencia tan delirante como aterradora, es que Cataluña no es ninguna colonia española. Y aunque no haya sido su intención darlo a entender con tan desacertada elección de palabras, no es necesario, ni mucho menos tratar a los catalanes como indígenas a evangelizar la españolidad única y suprema. Si existen catalanes que no se sienten españoles (que los hay), o simplemente existen personas que no piensan como él (que los hay), su deber es aceptarlo. Su deber como demócrata. Coño, faltaría más. Porque todo esto no es necesario, ¿verdad? Porque estamos en una democracia y el ministro Wert es un demócrata, ¿VERDAD?
lunes, 8 de octubre de 2012
Lady Gaga, The Born This Way Ball Tour: Pop y heavy metal hacen el amor en el Palau Sant Jordi
Sábado pasado, 6 de octubre, año 2012. Lady Gaga volvía a Barcelona con su nuevo tour, The Born This Way Ball, finalizando en la Ciudad Condal su gira por gran parte de Europa. Y servidor, por supuesto, no podía perdérselo. Mis cuatro horas de batalla contra el servidor web petado no lo siguiente de LiveNation junto a Alba para hacerme con unas entradas lo atestiguan.
El esfuerzo y la espera merecieron la pena. La diva neoyorquina comenzaba su show con un montaje espectacular: Una fortaleza aparecía en el escenario tras retirarse el telón, mientras un vistoso juego de luces –al ritmo de los primeros compases de Highway Unicorn– introducía a un Palau Sant Jordi abarrotado a un mundo de fantasía pseudo espacial con reminiscencias de Alien, el octavo pasajero. El mundo de la Gaga emperatriz de "una nueva raza en la raza humana" (sic). Allí salía ella, escoltada por soldados portadores de esperpénticas metralletas y banderas y estandartes, a lomos de un unicornio negro metalizado perfectamente simulado (algunos medios presuntamente serios llegaron a creerse y a escribir y denunciar en sus artículos posteriores que se trataba de un equino real, algo que me arrebata cualquier tipo de comentario…). La cantante no mostró su rostro hasta la celebración del tema Born This Way, y digo celebración puesto que el Sant Jordi lo dio (lo dimos) todo con la canción emblema de la gira y de una etapa que ya está más que cerrada.
Allí se terminaba con cualquier resquicio de hilo argumental, tan presente en su anterior The Monster Ball. A partir de entonces, el pop le hacía el amor al heavy metal ochentero de forma constante, en un espectáculo indiscutible en el que Lady Gaga repasaba no solo los mejores temas de su tercer disco, sino los grandes éxitos –que no son pocos– de una carrera que ya dura cuatro años. Quizá se notara más la prefabricación del show que en su anterior gira de conciertos, y pese a que hace tiempo que no logra un número uno en las listas principales, Gaga volvió a demostrar su condición de superestrella entre coreografías constantes ejecutadas con precisión y baladas interpretadas al piano sin perder ni un atisbo de voz. Al concierto, sin embargo, le faltó un clímax final a la altura de semejante despliegue. No fue culpa del orden de las canciones en el repertorio, que muy bien pudiera, sino de una indisposición de la cantante que, pese a vomitar en el escenario sin que prácticamente nadie se diera cuenta, siguió cantando y bailando para su público.
Visiblemente indispuesta, Lady Gaga puso punto y final al espectáculo con la inspiradora Marry the Night, dejando su nuevo tema al piano (Princess Die, su peculiar homenaje a Diana de Gales) y el subir a algunos admiradores españoles al escenario junto a ella como tareas pendientes en nuestro país. El resultado global fue notable, pero necesita mejorar. O mejor dicho, descansar. Queda el ¿consuelo? de que la etapa Born This Way, la más excéntrica, personal y difícil de comprender hasta el momento para algunos, ya está finiquitada. Su cuarto disco, ARTPOP, está de camino y, con él, casi con total probabilidad, lo mejor que Gaga puede llegar a ofrecernos. Te esperamos (y necesitamos) impacientes.
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