
Ayer regresé a uno de los teatros que más cariño le tengo, el Teatre Victòria de Barcelona, no sólo por las tres magníficas funciones de Grease: El musical de tu vida que viví allí (donde la compañía siempre estuvo al máximo nivel de altura), función de despedida incluida, sino porque me parece un recinto muy cómodo, acogedor y, qué diablos, mejor comunicado.
Desde el pasado 26 de junio hasta el próximo día 19 de julio está actuando allí la compañía Stomp, representando la obra del mismo nombre. La verdad es que no tenía muchas referencias sobre ellos, y las que tenía eran o muy ligeras (apenas había visto un par de vídeos por internet) o nada buenas, como por ejemplo que siempre terminasen siendo carne del "telediario" de Antena 3. Pero tenía ganas de ir al teatro a ver lo que sea, y en cuanto mi colega Joanet me lo comentó pues no dudé ni un instante. Además, la entrada no era especialmente cara, teniendo en cuenta la localización de las butacas y, sobretodo, los precios del resto de obras convencionales.
Y bueno, no estuvo nada de nada mal.
Desde el primer momento crean complicidad con la platea de una forma muy simple y efectiva. Desconocía sus maneras para proceder, y me llevé una grata sorpresa. Aquello no se basa simplemente en aporrear cacharros, ni siquiera es algo esporádico, la última moda del mundo escénico, más que nada porque en poco tiempo van a llevar veinte años en los escenarios, y porque su corte es mucho más clásico de lo que aparentan. Es teatro, en todos los aspectos. En toda la representación no se articula ni una sola palabra, y aún y así, conectan y transmiten lo que se proponen: un buen rato.
Lo mejor no es su electrizante capacidad del ritmo y de la sincronización, que os aseguro que alcanzan niveles bastante altos de euforia colectiva (sobretodo en su apasionante clímax final) y que además provocarán que muevas los musculitos en más de una y de dos ocasiones, sino su gratificante sentido del humor y, subrayemos con amarillo fosforito, la auto parodia (el Victòria se hundió con el descacharrante sketch de los periódicos).
Es en esos aspectos donde se quitan las caretas y vemos sus verdaderos rostros. Los arapos y los cacharros son pura fachada, farsa, mentira... teatro. Stomp no deja de ser una representación a cargo de un elenco de actores y bailarines profesionales, donde el humor, la danza, la música, la creatividad, la percusión, las artes marciales (!!!), la fauna urbana y los orígenes tribales del ser humano se dan de la mano, en un exótico y divertido viaje de noventa minutos de duración que sabrán a poco.
Recomendable, sobretodo ahora que los más pequeños tienen vacaciones. Si nosotros nos lo pasamos bien, ellos lo harán el doble.